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El papa Ratzinger disciplina a su grey
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 18 de mayo de 2007

Benedicto XVI aparta a los obispos de la política.

Las anteriores conferencias del episcopado católico de América Latina y el Caribe han sido acontecimientos que sacudieron al hemisferio. Del Celam I y II salieron las ideas que incorporaban a la doctrina romana los postulados básicos de la teología de la liberación. De la quinta reunión de los obispos latinoamericanos, la primera que se realiza en el reinado del papa Ratzinger, empieza a perfilarse una directiva más explícita para separar la función pastoral de la acción política y convertir al catolicismo en un credo cuyos obispos, sacerdotes y religiosos deberán dedicarse primordialmente a predicar y a auxiliar problemas espirituales, y no a combatir inequidades materiales.

Uno pensaría que de esta manera se va a reforzar la separación entre la Iglesia y el Estado, una utopía que a poco más de 200 años de haberse ideado, todavía sigue sin materializarse por estos lares. Ratzinger insistió mucho en Brasil sobre la necesidad de que los ministros de la Iglesia romana eviten identificarse con partidos políticos e ideologías. Según él, los religiosos en vez de afanarse por buscar resolver las carencias materiales de los pobres deben poner más énfasis en acercarlos a Dios porque, dice, tanto el marxismo como el capitalismo han distorsionado la realidad: “Falsifican el concepto de realidad con la amputación de la realidad fundante y por esto decisiva, que es Dios.
Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de ‘realidad’ y, en consecuencia, solo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas”, dijo en su discurso durante la sesión inaugural de la V conferencia.

Lo que Ratzinger propone es una acción indirecta: le da a los religiosos la misión de acercar a los laicos a los principios de la doctrina católica y deja a estos últimos la responsabilidad de emprender lo que él llama la búsqueda de estructuras justas que, se infiere, estén inspiradas en los principios que predica la Iglesia romana.

En este sentido, la acción política quedaría fuera de las atribuciones de los obispos, sacerdotes y religiosos. Su misión se circunscribiría a predicar, difundir el evangelio y servir de guía espiritual a los laicos. Iniciativas como las que encabezó el Obispo de San Marcos contra la mina de Sipacapa o la reciente mediación realizada por el cardenal Quezada para superar el conflicto magisterial quedan, de acuerdo con lo que el Papa dice, fuera del ámbito de lo deseable y permisible para los obispos.

En muchos sentidos, este retorno a la formación espiritual asimila la estrategia que utilizan organizaciones conservadoras católicas como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo: formar cuadros laicos, sólidamente instruidos en el marco teórico católico, a quienes se les encarga extender los valores eclesiásticos dentro de las esferas de lo político y lo social. La Iglesia romana no renuncia a su vocación controladora sino simplemente se resguarda detrás de los laicos para evitar el desgaste que implica la constante participación pública de sus obispos y religiosos.

Vamos a ver qué repercusiones tiene en un país como Guatemala, donde la ausencia de organizaciones sociales fuertes y liderazgos nacionales ha hecho que los obispos católicos asuman un papel rector y promotor de procesos de reivindicación social.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 150507


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