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El guardián de la impunidad
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 25 de mayo de 2007

Limpiar al MP, prioridad máxima para el próximo Presidente.

Guatemala no corre el riesgo de “colombianizarse”. Nuestra capital está a años luz de ser tan segura como Bogotá y el Transmetro tiene un larguísimo desarrollo que cumplir para funcionar como el Transmilenio de aquella ciudad.

Aquí es improbable que una investigación desarrollada por la Fiscalía sea tan comprometedora que obligue a renunciar a un ministro. Y las posibilidades de que un diputado de la bancada oficial vaya a dar a la cárcel, por estar asociado a grupos que realizan ejecuciones extrajudiciales son sumamente remotas, tal como sí ocurre en el país sudamericano. Porque en Colombia no se cubre la mierda con perfume como aquí hace el Ministerio Público (MP), empleando toda clase de excusas y artimañas para mantener fuera del proceso por la muerte de los diputados salvadoreños a personas que eran responsables de lo que sucedía dentro de las instituciones que administraban. Hace poco, la Fiscalía anunció que Javier Figueroa, el ginecólogo ese que era subdirector de la Policía Nacional Civil, no es un acusado sino un testigo en el proceso y por ello no puede exigir su presencia en Guatemala.

Figueroa se escamoteó a la justicia, Erwin Sperisen corrió a Ginebra a refugiarse con papi y, ¿ha oído usted si el Ministerio Público le ha tomado declaración al ex ministro, Carlos Vielmann?

La manera como se ha manejado este caso en comparación con la tenacidad con que se persiguió a Eduardo Weyman y a Juan Francisco Reyes López parecen confirmar el interés selectivo que el fiscal general, Juan Luis Florido, le impuso al MP. Su concepto de justicia en modo alguno coincide con el de Mario Iguarán, el fiscal general de Colombia, que acabó con la carrera política de la Canciller, María Consuelo Araújo, luego de que su hermano, el senador Álvaro Araújo, fue detenido sindicado por sus nexos con los paramilitares.

Florido es un personaje encantador. Son legendarias en algunos círculos las fiestas que ofrece en su chalé en el lago de Atitlán. Su simpatía personal le ha hecho habitué de artistas e intelectuales, quienes aprecian su agudeza como conversador, su gusto por las cosas finas y sus vínculos incipientes con el jet set internacional. Vean si no la manera tan obsequiosa como atendió a Mel Gibson en Guatemala. Pero además Florido es un agente de los grandes grupos económicos criollos, que lo colocaron en la Fiscalía para defender sus intereses. Algo que ha hecho de manera muy eficiente difiriendo procesos y desestimando casos. Un currículum que avergonzaría a cualquiera que se precie de ser una persona íntegra. Sin embargo, Florido tiene el chutzpah (como dirían en Nueva York) de admitir la incapacidad de su oficina, algo que atribuye a la pereza e irresponsabilidad de sus subalternos.

Florido sabe bien que no le conviene enfrentarse a los medios. Las críticas las evita con hábiles fintas en donde sale a relucir lo peligroso de retar al statu quo y la necesidad de no alborotar demasiado las aguas. No es un hombre conflictivo, de choque, que la prensa mantenga en la picota.

Esperemos que el próximo Presidente no cometa la imprudencia de mantenerlo en el cargo.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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