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¿Quién desciende del mono?
Por Gustavo Berganza - Guatemala, 8 de junio de 2007

La Sepaz se constituye en un agente de adoctrinamiento religioso.

La historia es real. Ocurrió esta semana en un colegio al que acudieron dos promotores de la Secretaría de la Paz. Ante una clase llena de adolescentes, uno de los promotores, invitados por el colegio para hablar acerca de las ventajas que implica una cultura de paz, abre su exposición con una pregunta: “¿Quiénes de ustedes creen que descienden del mono?”. Es un pequeño grupo, los menos, el que levanta la mano. Luego el promotor pregunta de nuevo: “¿Y quiénes de ustedes saben que descienden de Dios?”. La mayoría de estudiantes es la que levanta ahora la mano.

Evidentemente, la segunda opción es la correcta. Eso es lo que hace ver el empleado público cuando durante el curso de su exposición, avalada por el colegio con la presencia de una maestra, niega la posibilidad de participar en la discusión subsiguiente a quienes se manifestaron descendientes del mono. Pregunto yo: ¿Es esa la actitud que se espera de un empleado público, agente de un Estado separado de cualquier denominación religiosa y que no tiene entre sus funciones adoctrinar a sus ciudadanos a favor de dios alguno? En teoría, el empleado público no debiera ser un evangelizador.

Sin embargo, en el contexto de un Gobierno como el de Berger, en el que se condecoran pendones procesionales e imágenes religiosas y en el que inmuebles estatales han sido regalados a la Iglesia católica, actitudes como las de ese empleado de la Sepaz parecen ser más la norma que la excepción.

El colegio en donde ocurrió este incidente tampoco afirma ceñirse a denominación religiosa específica. Ante la cambiante realidad guatemalteca, en la que la clase media y alta ya no es exclusivamente católica, el plantel adoptó la sana política de dejar la formación religiosa como una actividad optativa, fuera del horario regular de clases.

Sin embargo, es evidente que el afán mesiánico de algunos padres ha logrado vencer al laicismo para teñir de religión el trabajo docente. De otra manera, no se entiende como las autoridades de ese plantel, in illo tempore de gran prestigio académico, toleren que dos empleados de la Sepaz promuevan como conocimiento científico un dogma de fe.

En términos de religión y de creencias, cualquiera es libre de creer lo que le dé la gana y si el ardor y el tiempo se lo permite, promover la expansión de su fe, siempre y cuando esto no implique atropellos como el que aquí narro. La prédica implica tener una audiencia que ya sabe lo que va a oír y está dispuesto a recibirlo. Nadie tiene derecho a imponer sus creencias sobre quien no las comparte. Y menos aún, hacer pasar por conocimiento científico lo que no puede ser aceptado más que por razón de fe.

Me indigna sobremanera la utilización de fondos públicos para difundir creencias religiosas. Pero más aún, me enoja el engaño al que algunas instituciones educativas someten a los padres de familia, haciéndoles creer que el conocimiento que reciben nuestros hijos ha sido obtenido, validado y sistematizado por métodos científicos, cuando en verdad lo que están impartiendo son dogmas religiosos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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