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Ernesto Capuano del Vecchio: Semblanza [1]
Por Gilberto Castañeda - Guatemala, 19 de marzo de 2007

A los hombres se les define en la historia por sus acciones y por sus obras.

Ernesto Capuano del Vecchio, Neto como lo llamamos cariñosamente sus amigos, cumplió 92 años el pasado 20 de noviembre. Goza de buena salud, a excepción de su vista que nunca ha sido buena, no obstante y como muestra de su férrea voluntad estudió aeronáutica y fue aviador. Ahora sufre las consecuencias de una caída que le ha restado movilidad, pero, anda con sus propios pasos y sobre todo, mantiene la lucidez y la voluntad inquebrantable de siempre, así como una buena salud y un buen apetito. Sigue pensando en dar su mejor esfuerzo para contribuir a la construcción de una Guatemala mejor y mantiene la convicción de que otro mundo es posible.

Contra la dictadura ubiquista y el primer exilio en México

Ernesto Capuano nació el 20 de noviembre de 1914, en la ciudad de Quetzaltenango, en el seno de una familia acomodada dedicada a la agricultura. Cursó estudios primarios en aquella ciudad, en donde fue compañero de escuela del después coronel Jacobo Arbenz Guzmán, quién sería miembro de la Junta Revolucionaria y el segundo presidente del régimen democrático surgido a partir de la Revolución del 20 de Octubre de 1944.

Siendo apenas un adolescente empezó a vincularse con las ideas socialistas. A los 14 años ya era lector atento de El Capital y mantenía relación con Jacobo Sánchez y Humberto Molina, intelectuales de ideas marxistas. También se relacionó con los organizadores del Partido Comunista de Centroamérica, sección Guatemala, después Partido Comunista de Guatemala, el primero de su tipo en el país.

Aquel partido tuvo una vida de aproximadamente 10 años, que concluyeron con las redadas y fusilamientos de 1932, que organizó el dictador Jorge Ubico. Entonces fueron asesinados Juan Pablo Wainright y posteriormente Bernardo Gaitán, al tiempo que eran encarcelados durante más de 12 años Antonio Obando Sánchez, Juan Luis Chihuichón, Luis Villagrán y otros más. Para aquel entonces Ernesto Capuano se encontraba terminando el bachillerato y poco tiempo después ingresaría a la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos, donde concluyó sus estudios, pero no llegó a graduarse debido a la persecución ubiquista.

En 1938, Neto viajó a la Ciudad de México para participar en el Congreso Mundial Antifascista que aquí se llevó a cabo y ya no pudo regresar a su patria, impedido por la dictadura. Desde aquel momento, Neto estableció una relación amistosa que duraría toda la vida con el dirigente sindical y socialista Vicente Lombardo Toledano, fundador de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y del Partido Popular, después Partido Popular Socialista (PPS).

La dirección del PPS siempre le ha tenido gran estimación y respeto a su valía intelectual y moral. A Neto le tocó vivir la expropiación petrolera decretada por el presidente Lázaro Cárdenas el 18 de marzo de 1938, y la profundización de la reforma agraria, uno de los pilares de la revolución mexicana. Concluyó sus estudios de derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lo que le permitió ganarse la vida como litigante y poder dedicarse a la empresa de toda su vida: Apoyar y participar en el cambio social.

En la patria nuevamente

Cuando el dictador Ubico fue derrocado en 1944, al igual que otros exiliados como Luis Cardoza y Aragón, Alfonso Solórzano, Juan José Arévalo, Miguel García Granados y Clemente Marroquín Rojas, Ernesto Capuano regresó a Guatemala y se integró en una efímera organización socialista llamada Vanguardia Nacional. A fines de los años cuarenta, regresó a México para poder obtener el título de abogado. En esa oportunidad conoció a la que después sería su esposa, Carmen García Zepeda, originaria de Coahuila y conocida por sus amigos como Carmelita, con quién se casó en 1951 y lo acompañó a vivir a Guatemala.

Aquí, Neto fue militante y Secretario de Asuntos Agrarios del Partido de Acción Revolucionaria (PAR) y después del Partido de la Revolución Guatemalteca (PRG) y contribuyó al avance del proyecto revolucionario participando en diversas iniciativas. Entre ellas, difundiendo los planteamientos de la economía política, que son esenciales para interpretar la realidad económico-social con base en el materialismo dialéctico y, sobre todo, y contribuyó a la concepción de lo que después sería el Decreto 900: Ley de la Reforma Agraria. Además, fue Jefe del Departamento Agrario Nacional (DAN) y al momento de ser derrocado Arbenz, era Director del Banco Agrario.

Luego de la intervención yanqui y el triunfo de la Contrarrevolución en 1954, Neto obtuvo asilo diplomático en México, país donde ha vivido desde entonces trabajando como abogado para ganarse el sustento diario y, sobre todo, participando de diversas maneras a favor de la izquierda y la revolución en el Continente.

Exiliado defensor de exiliados

En México comenzaría otra etapa en su vida de abogado y revolucionario. Se convirtió en gestor solidario ante la Secretaría de Gobernación de los asuntos de todos los exiliados guatemaltecos y posteriormente de los asilados y emigrados de Centroamérica y de toda América Latina y el Caribe. Se calculan en varios miles los casos que Neto resolvió ante dicha Secretaría y por los cuales nunca cobró un solo centavo. Carmelita también fue solidaria en las gestiones hechas a favor de los asilados, al tiempo que la residencia familiar en Bucareli, una de las avenidas importantes de la Ciudad de México, un hermoso departamento de acero y concreto construido allá por los años de 1905, le servía a Neto para desarrollar su inmensa y meritoria labor altruista. A la muerte de Carmelita, en 1996, su ahijada, doña Irma Checa que vivía con ellos desde 1992, siguió en la casa apoyando a Neto y asumiendo su cuidado, pese a que conforme avanza su edad aumentan las exigencias y las atenciones por él requeridas.

Desde muy pronto, la alta política mexicana aquilató la generosidad de Ernesto Capuano y el aprecio que la dirección del PPS tenía por su persona. Así, entonces, el presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) ordenó a dicha Secretaría que se le diera toda la ayuda posible en sus gestiones a favor de los desterrados, sentando las bases para su fructífera labor durante varias décadas. De igual manera actuarían los sucesivos Secretarios de Gobernación, entre ellos Fernando Gutiérrez Barrios, el mítico y controvertido político mexicano, conocido entre otras razones porque encarcelaría a Fidel Castro y a Ernesto Che Guevara y demás integrantes del Movimiento 26 de Julio, para luego apoyarlos en su traslado a Tuxpan, Veracruz, donde se embarcaría en el “Granma”, dando inicio a la lucha contra Batista, lo que le granjeó de por vida la amistad con Fidel y la revolución cubana.

Para aquel momento, el segundo lustro de los años cincuenta, Capuano había ingresado al Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), siendo su tarea principal la ayuda solidaria realizada a favor de los exiliados guatemaltecos y de cualquier otro país. Su convicción ideológica se integró, así, con su enorme condición humana y lo marcó para siempre.

Con el nuevo ascenso del movimiento revolucionario en los años 80, Neto y otros muchos guatemaltecos en México elevaron su participación en la lucha y sus niveles de organización. En particular, Neto mantuvo entonces y ha mantenido siempre una posición honesta y de respecto irrestricto a su ideario revolucionario. Una de sus ideas centrales es que la izquierda guatemalteca en particular y la oposición en general deben unificarse y supeditar a ese objetivo cualquier sectarismo e interés personal o de grupo, pues está convencido, como lo estamos muchos de nosotros, que esa unidad es esencial para el avance de las fuerzas opositoras a las dictaduras que hemos sufrido a lo largo de nuestra historia y los regímenes antidemocráticos que sacrifican el futuro del país y de su pueblo enarbolando la bandera del neoliberalismo y la globalización que encabezan las empresas transnacionales.

Capuano ha sido desde siempre un hombre íntegro y coherente con sus principios e ideales revolucionarios. Por eso, no han sido pocas las veces que el poder lo ha buscado para congraciarse con él y lucir tal acercamiento como un trofeo inestimable. En 2001, el gobierno de Alfonso Portillo, a través de su embajada en México le ofreció la Orden del Quetzal, pero, Ernesto Capuano la rechazó por un mínimo de congruencia consigo mismo, pese a que incluía un estipendio mensual nada despreciable para quién no tiene ingresos fijos y se encuentra ya al final de su vida. Igual rechazó la posibilidad de que como un reconocimiento a su enorme labor gratuita, se le gestionara ante el Gobierno de Guatemala una pensión vitalicia. En ambos casos expresó que pensando como pensaba, mal podría aceptar la ayuda de un gobierno neoliberal poco o nada preocupado por el futuro del pueblo de Guatemala. Así las cosas, Ernesto Capuano del Vecchio vive en México con una gran modestia y una gran dignidad, si bien su mente y su corazón no han podido separarse nunca de su querida Guatemala.

La serenidad del crepúsculo

El domingo 19 de noviembre de 2006, un pequeño grupo de amigos nos reunimos con Neto para celebrar sus 92 años, que cumpliría al día siguiente. Raúl Díaz, su compañera Rosa Nieves Nogueda, Gilberto Castañeda , Carlos López, Otoniel García, Carlos Cáceres, Mario René Matute y Carlos Figueroa nos dimos cita en aquel lugar. Otros muchos no pudieron estar presentes, pese a que lo visitan y se mantienen en comunicación con él regularmente, entre ellos, Stella Quan, Aura Marina Arriola, Carlos Paz Tejada, Otto Raúl González, Julio Gómez, Rodolfo Córdoba, Manuel Ángel Castillo y Oscar Manolo Farfán.

Ere un domingo frío y lluvioso. Después de la comida regresamos a su departamento, donde pareciera que el tiempo se hubiera detenido. Fotos, muebles y adornos evocan los años pasados y su esplendor. Un piano que hace mucho tiempo ha dejado de usarse forma parte del mobiliario de la sala. Encima de él están las fotos de Neto y Carmelita en la medianía de sus vidas. Cada uno de nosotros hizo uso de la palabra y le expresamos a Neto nuestro cariño, admiración y reconocimiento por su generosidad sin limite. Sentado en un sillón, en medio de una tenue luz, Neto acepta con humildad y gratitud nuestras palabras. “No puedo dejar de observar un atisbo de sorpresa en su mirada. Ernesto Capuano del Vecchio es lo más cercano a un santo que yo he conocido en mi vida”, diría días después Carlos Figueroa en la semblanza que nos envió para rememorar aquella fecha que ahora es inolvidable.

Neto caminó en su vida haciendo todo lo que pudo por los demás, sin esperar nunca nada a cambio. Acaso por ello no hay amargura alguna en su corazón, pese a que las decenas de personas que antes lo buscaban para un trámite o para que les resolviera un problema legal ya no lo visitan o ya se regresaron a sus países. Es una realidad dolorosa que Neto registra con su agudo sentido de la realidad como un dato más de su ya larga vida: “Yo podría vivir cómodamente si hubiese cobrado por mis servicios, por poco que fuera; el departamento en que vivo es propio y mis gastos son bajos”, le dijo a Gilberto Castañeda un día de febrero de 2007, cuando preparaban el viaje que hoy lo tiene de nuevo en su tierra. Y agregó: “Ahora, son escasos los que me visitan o que me hablan por teléfono”.

Así, el reconocimiento y la incomprensión se alternan a ratos. A iniciativa del economista Eduardo Velásquez, en el XXIII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), celebrado en la Antigua Guatemala en noviembre de 2001, la Universidad de San Carlos y los congresistas le rindieron un homenaje que Neto agradeció infinitamente y que guarda en su memoria como uno de los tesoros más apreciados. En ese entonces, se llegó a pensar que la Universidad podría darle alguna ayuda, lo cual no fue posible.

En el crepúsculo de sus días, Neto escucha en la radio las noticias, pero, le cuesta ya leer, pese a que ha sido otra de las pasiones de su vida. Sigue atento a lo que pasa en el mundo y sigue soñando con la unidad de los sectores progresistas de Guatemala en torno a un programa que defienda la soberanía nacional y el bienestar de las mayorías. Quienes le queremos y apreciamos estamos seguros que la bondad y las convicciones de Ernesto Capuano del Vecchio estarán con él hasta el último de sus días y que quienes le guardamos gratitud y recordamos con cariño desde Guatemala, desde México y desde los más diversos lugares del Continente, contribuimos a mantenerlo vivo en el recuerdo.


[1] Esta semblanza se elaboró con base en la que escribió Carlos Figueroa Ibarra el 20 de noviembre de 2006, la cual fue publicada más adelante en Guatemala, en el diario La Hora . Fue enriquecida con otros aportes y las precisiones hechas por el propio Ernesto Capuano. La redacción final corrió por cuenta y riesgo de Julio Gómez y Gilberto Castañeda.

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