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Gerardi: a seis años de su asesinato
Por Walter Guillermo del Cid R. - 26 de abril de 2004
walterdelcid@lahora.com.gt

SI LA VERSIÓN de Maité Rico y Bertrand de la Grange tiene algo de fundamento o no, es algo que por el momento no me interesa. Sí, considerar los poderes fácticos y los aparatos clandestinos como una realidad. Hoy, que se cumplen seis años del bestial asesinato de monseñor Juan Gerardi Conedera, se hace más que latente la necesidad de contar con una comisión que tenga la capacidad de investigar los cuerpos ilegales y los aparatos clandestinos de seguridad. Y la razón nos la da la propia labor de propaganda y de "ilustración" que se encuentra contenida en el libro a cuyos autores me refiero al principio de este párrafo. Si la justicia se puede manipular con tal facilidad, es porque el estado de derecho es una caricatura de mal gusto orientada a hacer valer su peso sólo en contra de aquellos cuya capacidad financiera no les permitirá contar con un "cambia-sentencias", como punto de apoyo.

ESTA SEMANA SALE el mandatario guatemalteco a un encuentro con el presidente Bush; hay afinidades ideológicas, ha expresado el embajador Hamilton, pero esperaríamos una actitud de más propuesta en el tema de la CICIACS, también ha dicho. El jueves pasado Berger pidió perdón por la participación de fuerzas vinculadas al Estado en el crimen de Myrna Mack ¿Cuánto tiempo tendrá que esperar presidente alguno para pedir perdón a nombre del Estado por la muerte de Monseñor Gerardi, ocurrida precisamente bajo el régimen de Álvaro Arzú, el antecesor ideológico del régimen de turno?

EL CASO GERARDI, como el caso Mack, o el caso de Irma Flaquer, por mencionar tres, son en efecto emblemáticos, desde la perspectiva de las redes del crimen organizado alrededor del propio Estado. Son emblemáticos pues nos demuestran la poderosa fuerza que poseen quienes han hecho del secuestro todo un modo de vida. Han conquistado el máximo rehén: el propio Estado ha sido secuestrado por estas fuerzas oscuras y poderosas. Pero también es emblemática la parsimonia y casi connivencia del Estado y la sociedad frente a estos exponentes del crimen, las violaciones a los derechos humanos y cualquier manifestación de maldad y desprecio por la vida.

HOY SE CUMPLEN seis años, así como hace unos días se cumplieron diez años de la muerte de Epaminondas González Dubón, otro crimen que se encuentra entre los múltiples impunes en nuestro país. Aquí donde la búsqueda de la verdad y la justicia es causa suficiente para hacerte víctima de los poderes fácticos. Aquí en donde más que eterna primavera, hay eterna impunidad, aquí, donde los días, meses y años transcurren y no pasa nada, o aparentemente no sucede nada que nos haga pensar que la justicia no será un sueño inalcanzable, que la verdad y el castigo a los cientos de victimarios no es una quimera.

LA MUERTE LES alcanzó (a: Gerardi, Mack, González, Carpio, y a tantos más) en su expresión más cruel. A golpes y puñaladas unos, a balas indiscriminadas otros, bajo torturas. Y las más sanguinarias manifestaciones que un individuo le puede propinar a otro, los demás. Así es la historia reciente de este nuestro país que aún y rodeado de tanta muerte, de tanta criminalidad, aún sonríe cada mañana al despuntar un nuevo amanecer. Porque encuentra un refugio en el esfuerzo de las víctimas hoy recordadas, encuentra la semilla y la fortaleza para continuar adelante y no dejarse claudicar. Aun las sombras, la muerte y el terror no nos amedrentan del todo. Aún salimos a luchar por la vida, aunque lo que encontremos sea la muerte.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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