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Confesiones tardías
Por Walter Guillermo del Cid R. - 10 de mayo de 2004
walterdelcid@lahora.com.gt

NOS APARTAMOS DEL análisis de la realidad nacional para centrar nuestra atención en el hecho más oprobioso de las últimas semanas a escala internacional. Me refiero a los vejámenes e inmoralidades que han sido víctimas los prisioneros iraquíes, luego de la misión ridículamente llamada, por el presidente Bush, de liberación. Se encuentra plenamente identificada la soldado Lynndie England, de 21 años, que ha vuelto a su base en Carolina del Norte, luego de haberse determinado que está embarazada. Vaya moralidad que habrá de heredar esta hija … del imperio.

Haydar Sabbar Abed, uno de los prisioneros iraquíes fotografiado en esas poses degradantes y maltratado por guardias estadounidenses en la cárcel de Abu Ghraib, contó su historia. Indica entre otras cosas que lo obligaron a masturbarse frente a una mujer soldado, a adoptar posiciones de animales y a colocarse encima de sus compañeros prisioneros. Todo bajo la amenaza constante de que serían asesinados de inmediato si hacían lo contrario.

Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa, hubo de comparecer el viernes pasado ante el senado para responder ante la comisión investigadora de los hechos condenables. Reconoció ser "el máximo responsable por lo sucedido". Sin embargo, Bush reitera su total confianza en él. En un reciente titular The New York Times, asegura que "Estados Unidos ha quedado tan humillado por el escándalo, que los funcionarios gubernamentales no han podido presentar esta semana un reporte anual sobre los derechos humanos a nivel internacional por temor a recibir una burla del resto del mundo." No olvidemos el tratamiento inhumano que están recibiendo los prisioneros afganos en Guantánamo, Cuba, y que precisamente hace dos semanas los norteamericanos en Ginebra enarbolaban la bandera de los derechos humanos para castigar el régimen de la isla más grande de las Antillas.

Afortunadamente a partir de mañana se reúne en Ginebra el Comité de Naciones Unidas Contra la Tortura. De nuevo será de esperar la gran labor de mediación de los diplomáticos gringos y de cómo ejercerán sus mejores galas para presionar y provocar un quiebre de vistas hacia otros lados del mundo. Pero, a mi juicio, independientemente que el referido Comité opte por tratar las torturas en otras latitudes, por primera vez en muchos años, la atención del mundo se habrá de centrar en su declaración final y si hacen caso omiso de pronunciarse respecto a los vejámenes y torturas que soldados americanos y británicos han propiciado a los prisioneros iraquíes, el mundo ya les ha condenado y peor aún, ya han recibido la condena de su propia sociedad.

Es prematuro anticipar un "voto castigo" como lo entendemos en América Latina, pero que indudablemente tendrá un costo político para las pretensiones reelectorales de Bush, seguramente lo tendrá. El problema, como vemos, es cuando se trata de imponer un sistema. Por muy grandes que sean las pretendidas ventajas de éste, la situación se hace mucho más compleja por esa pretensión de asignar a la fuerza las bondades pretendidas de un sistema por otro. Las tardías confesiones de Rumsfeld, si no producen un eco en el manejo de la política exterior y reacciones complementarias para propiciar un cambio de actitud, pronto se verá en toda su dimensión cuán alicaída es toda esa parafernalia alrededor de la imposición de la democracia.

A ver cuánto tardan en rodar las cabezas de los principales responsables, incluyendo sobre todo a los autores materiales de esta aberrante actitud. Y si persiste el empecinamiento que impida un proceso a éstos, indudablemente que los gringos tendrán que inventar un tremendo distractor para desviar la atención del mundo y de su propia sociedad respecto de este reprochable proceder de elementos de sus fuerzas armadas. Veremos qué pasa.

Tomado del diario La Hora - www.lahora.com.gt


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