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Concluye MINUGUA
Por Walter Guillermo del Cid R. - Guatemala, 15 de noviembre de 2004
walterdelcid@lahora.com.gt

FALTANDO TAN SÓLO SEIS DÍAS PARA QUE SE CUMPLAN EXACTAMENTE diez años, la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala, MINUGUA, concluye su gestión en nuestro país. Hoy se producirá el cierre protocolario de la Misión y con ello su partida es inminente. Como toda representación extranjera, su presencia causó, causa y causará sentimientos encontrados en muchos sectores de la sociedad guatemalteca. Indudablemente los más satisfechos con este cese de funciones son aquellos cuyo desenvolvimiento riñe con un verdadero Estado moderno, democrático, participativo, justo y equitativo.

LA PRESENCIA DE MINUGUA DESPERTÓ MOJIGATOS SENTIMIENTOS de nacionalismo, de la defensa de la soberanía llevada a extremos casi patológicos. Los informes de la Misión desnudaron muchas de las pajas políticas, politiqueras, y mostraron cuán frágil se encuentra aún nuestra institucionalidad. Se va la Misión y no se queda como contrapartida una sólida institución nacional que haga las veces de aquella, con prestancia, con propiedad, con presupuesto. Se va la Misión y la instancia que le habrá de reemplazar en el llamado a la conciencia colectiva sobre las violaciones a los derechos humanos, queda maniatada con un precario aporte financiero.

LA MISIÓN SE INSTALÓ LUEGO DE UNA PROFUNDA CRISIS POLÍTICO-institucional. El 29 de marzo de 1994 se suscribió el Acuerdo Global Sobre Derechos Humanos y las partes solicitan al Secretario General de Naciones Unidas que organice una misión de verificación de los derechos humanos y del cumplimiento de los compromisos asumidos en el Acuerdo Global. La Misión se instala el 21 de noviembre de aquel año. Apenas dos meses y días de haberse consumado la "depuración" en los Organismos Legislativo y Judicial. Una nueva generación de políticos saltaron a la palestra como consecuencia de los fallidos intentos dictatoriales de Jorge Serrano Elías, de mayo de 1993. Y parecía que la clase política asumiría el compromiso de concretar la aspiración de paz y la consolidación de la democracia. Dos años más tarde, el 29 de diciembre de 1996, se firma la paz, "Firme y Duradera".

A PESAR DE LA ENORME CANTIDAD DE COMPROMISOS PENDIENTES, hoy se puede afirmar que Guatemala ya no es la misma. Las huellas de la Misión han sido profundas y positivas. Hoy existimos más hombres y mujeres dispuestos en este país a denunciar las arbitrariedades, a censurar la discriminación y la exclusión. Hoy hay una nueva conciencia colectiva nacional que no permitirá que pase inadvertida la violación a los derechos fundamentales de toda persona. Que el sistema político propicie una verdadera democracia, con justicia y equidad, ese es otro imperativo y a un más largo plazo, pero no inalcanzable. Hoy las relaciones de interdependencia del mundo contemporáneo no permiten que el ostracismo y la concepción feudal, propias de la oligarquía criolla, haga lo que le dé la GANA.

CONCLUYE MINUGUA Y CON SU PARTIDA SE HABRÁN DE MARCHAR algunos amigos y otros conocidos con los que alguna vez hubo criterios compartidos o charlas con discrepancias de puntos de vista. La Misión deja tareas pendientes, pero ahora es el momento de asumir el reto por nosotros mismos. Y ese es un gran logro resultante de aquella.

Fuente: www.lahora.com.gt


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