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27 de julio, 2011
Por Walter Guillermo del Cid R. - Guatemala, 29 de julio de 2005
walterdelcid@lahora.com.gt

SE RECUERDA EN ESTA FECHA, que hace seis años, en 2005, la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos de América, en una apretada votación, aprobó el Tratado de Libre Comercio, que permitió el libre flujo de bienes y servicios entre aquella nación, Centroamérica y República Dominicana. Consecuencia de aquella cerrada elección, dicho arreglo comercial inició su vigencia el uno de enero del 2006.

DESDE LA PERSPECTIVA NORTEAMERICANA, la eliminación de las barreras arancelarias no era algo novedoso con esta región, en virtud que desde 1984, con la instauración del desarrollo comercial en el marco de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, que fuera extendida hacia Centroamérica, como uno de los primeros pasos de integración comercial, un porcentaje cercano al 80% de los productos de exportación de estas naciones, podía ingresar al mercado de la poderosa nación del norte sin restricciones aduaneras.

LA IMPORTANCIA DE AQUEL TRATADO COMERCIAL radica en el hecho que para los Estados Unidos representa la subordinación de la política exterior y las relaciones de poder, hacia la consolidación del predominio comercial. En tanto para las naciones centroamericanas y República Dominicana, ha sido la expresión de sometimiento económico, comercial y político, acentuando levemente la hegemonía norteamericana en el continente. Y es una reiteración hegemónica leve, en virtud del escaso peso que tiene la capacidad productiva de estos países frente al potencial de las naciones al sur.

LOS GOBIERNOS ULTRACONSERVADORES DE Centroamérica festejaron aquella aprobación. En el ámbito económico y político se acentuó la dependencia de las diferentes sociedades del istmo con respecto al poderío norteamericano. La fragmentación y debilitamiento del Estado, que para el caso de Guatemala, se iniciara con la administración de Álvaro Arzú, llegó a su punto crítico a partir del acatamiento de las reglas del mercado derivado de aquel tratado. Se puso de manifiesto que el comercio, cuyas exigencias de competitividad, mano de obra calificada y profesionales con amplio dominio de las normas internacionales de comercialización, ha provocado niveles de rezago social y económico, como no se había previsto en estimación alguna.

Y ES QUE DE LA MERMA EN LA CAPACIDAD de respuesta del Estado simplemente generó las condiciones para su inminente desaparición y dejar de lado el papel que hasta entonces había sido fundamental: la coordinación de las relaciones entre el ámbito público y el ámbito privado. El mercado se ha impuesto y con su preponderancia, cambia de manera radical las ahora olvidadas relaciones entre Estado-Nación, para tornarse en meros nichos de compradores-vendedores. Lamentablemente, la mejora en las condiciones de vida de la población, como efecto tantas veces anunciado, sigue siendo un factor pendiente de ser cumplido. El mundo está al alba de la consolidación de una nueva potencia. Occidente deja de ser el rector predominante a escala mundial y China, aprestada desde hace muchos años, se consolida cada vez en el imperio que regirá por las próximas décadas.

Fuente: www.lahora.com.gt - 280705


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