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Política en la U y política partidista ¿Debieran ser diferentes?
Por Walter Guillermo del Cid R. - Guatemala, 30 de octubre de 2005
walterdelcid@lahora.com.gt

Las posibilidades de conducir los destinos de la máxima casa de estudios superiores en Guatemala, la Universidad de San Carlos, ha devenido en la promoción de una “campaña” política que paulatinamente se parece más a una campaña proselitista-electoral propia de los partidos políticos. La cuestión en cuanto a ello, me parece, debiera ser objeto de una reflexión profunda. Usar técnicas de mercadología puede ser apropiado para convencer a quienes tienen la responsabilidad de elegir al Rector, pero sustraerse del ámbito académico para obviar el debate, es un desperdicio de oportunidades.

El Título III, del Decreto Número 325 que contiene la Ley Orgánica de la Universidad de San Carlos, se refiere al régimen que habrá de observarse. Los artículos contenidos mencionan al Consejo Superior Universitario, su integración y de quien lo dirige, el Rector. También se habla del “Cuerpo Electoral Universitario” cuyos integrantes tienen la facultad de elegir a quien habrá de ocupar la Rectoría de la Universidad.


El Cuerpo Electoral Universitario, dice el artículo 16, se integra por el Rector o quien haga sus veces, cinco profesores y cinco estudiantes por cada Facultad y cinco profesionales no catedráticos por cada Colegio. Y así se pluraliza el “Cuerpo Electoral Universitario, en los cuerpos electorales correspondientes.
Es decir que estudiantes, profesores y profesionales por cada Facultad y Colegio, eligen a sus respectivos representantes al respectivo cuerpo electoral. Estas últimas personas son las que eligen al Rector, por ello es una elección indirecta.

Ahora bien, los eventuales candidatos a Rector son en principio profesionales de alguna especialidad. Son o debieran ser personas con una trayectoria académica y honorabilidad sin discusión. Volviendo al tema, detengámonos en las dos primeras características: profesional y académico. El escenario de la contienda debiera ser entonces alrededor de las ideas propuestas sobre el por qué, el cómo, el cuándo y con qué, se habría de conducir los destinos universitarios.

Más allá de vallas publicitarias, afiches, mantas, panfletos con los sonrientes rostros de los contendientes, al más idéntico estilo de una campaña político partidista, lo que habría que difundir son las ideas. Si en la Universidad, para dirigir los destinos de ésta, no se promueven debates serios, confluencia y divergencia de criterios y una discusión de altura, no pretendamos que nuestros políticos criollos manifiesten mayor altura que aquellos que estarían obligados por su doble condición de académicos y profesionales.

Asumo entonces, que los procesos electorales entre ambos universos, el universitario y el político partidista, sí debieran ser diferentes. No serlo y concretarse al oneroso pago de la publicidad, lo único que demuestra es la compleja telaraña de oscuros compromisos alejados totalmente del ámbito universitario propiamente dicho. Esos aspirantes, desde ya, pierden un tanto su honorabilidad y peor aún, comprometen la propia autonomía universitaria al estar condicionados a saber con qué ataduras de poderes fácticos.

Fuente: www.lahora.com.gt - 291005


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