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El activismo “intelectual”
Por Walter Guillermo del Cid R. - Guatemala, 9 de noviembre de 2005
walterdelcid@lahora.com.gt

La recién concluida IV Cumbre de las Américas, ha puesto de relieve que el continente marcha bajo el curso de dos vías que se anteponen. Por un lado los proclives a una norteamericanización (perdón por el término) de Latinoamérica. Del otro, a una Latinoamérica con identidad propia y con capacidad de desenvolver libremente su derecho a la autodeterminación de sus pueblos.

Si la teoría del mercado se sustentase en la consecución de la equidad entre los “actores” o por lo menos en la generación de componentes que tienden hacia un conjunto de oportunidades en igualdad de condiciones, probablemente ambas vías arribarían a una misma meta.

El caso es que como reacción inmediata en nuestros criollos “intelectuales”, aquellos defensores del individualismo y defensores también de la reducción del Estado, hasta su eventual sustitución de éste por aquél, no han demorado en calificar de “ignorancia” la oposición al aparente impulso que el mandatario norteamericano ha efectuado en el cónclave en pro de la constitución del Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA.

Y es que no deja de sorprender la capacidad de felonías que puede emitir el señor George W. Bush y de esa manera no sólo sorprender a los gobernantes de Latinoamérica, sino en adición, buscar un aparente distractor a la temática que daba motivo a la reunión de los mandatarios. Luiz Inácio Lula da Silva, el gobernante brasileño, dijo que ésta giraba alrededor del “empleo, empleo y empleo”. El abordar el ALCA, cuando se ha descuidado el verdadero fortalecimiento de la institucionalidad de cada uno de los Estados en pro de la consolidación del mercado, no puede dejar de causar sorpresa y algo de indignación.

Claro que desde la perspectiva de la preeminencia del individualismo y de que el que “puede, puede” sin importar a quienes históricamente se les ha negado la oportunidad de alcanzar siquiera el poder de “decidir por sí mismos”, es una cuestión que gusta dejarse de lado para que con ello se garantice la entronización del mercado, con su arrolladora propuesta de injusticias y de negación de condiciones.

Las características individuales a cada uno de los países y sus poblaciones, que supuestamente se verían beneficiados con tal comercio “liberado” de las barreras arancelarias y otras medidas proteccionistas.

El tema trasciende. El asunto no es de verlo como la “solución” a nuestras debilidades. La oportunidad del mercado, puede y debe florecer, siempre y cuando exista un Estado sólido, una institucionalidad incuestionable y un respeto a la ley por encima de cualquier interés. De lo contrario, será como una ley de la jungla en la que irremediablemente el “grande” se habrá de comer al “pequeño”.

Sólo hay que ver hacia la institucionalidad de aquellos países que han alcanzado cierto nivel de desarrollo que les permite ahora contar con una floreciente industria, agroindustria o comercio en expansión. Lo primero que han hecho ha sido consolidar su Estado y éste a su vez ha permitido, bajo reglas claras, precisas y de beneficio a las colectividades, propiciar el desarrollo ajustado a las individualidades de cada quien.

Nuestros activistas “intelectuales” se olvidan o pretenden hacer a un lado los procesos históricos. Esa negación es casi como la entronización de la “estupidez” activa propia de quienes suelen ser los voceros de una clase dominante que se niega a reconocer el valor de la dignidad humana en todos los seres humanos.

Fuente: www.lahora.com.gt - 081005


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