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Myrna y Helen
Por Gonzalo De Villa - 23 de abríl de 2004

El 11 de septiembre de 1990 fue asesinada Myrna Mack al salir de las instalaciones de Avancso. Dos tipos la esperaban y la apuñalaron. Quienes cometieron el crimen y quienes lo planificaron, contaban con la certidumbre de la impunidad en que ése, como tantos otros crímenes, quedaría con casi total seguridad. El motivo de buscar la eliminación de Myrna, obedeció a que los trabajos e investigaciones en que ella estaba trabajando tocaban un área sensible para la “seguridad” del Estado.

La CPR, población civil desplazada en Quiché de sus lugares por la guerra –perseguida por el Ejército por sus presuntas lealtades a la guerrilla–, era una población cuya existencia era negada oficialmente y, en general, ignorada por la ciudadanía. A efectos prácticos de la capital y de los mismos medios de comunicación, era una población fantasma. Con el tiempo hemos sabido que eran miles de familias las que sobrevivieron por años, arrostrando persecuciones pero resistiendo, sin querer salir de Guatemala para refugiarse en México, aunque sin querer tampoco entregarse al Ejército para ser internadas en aldeas modelo.

El trabajo de Myrna estaba documentado y descubría esta realidad, una de las caras de la guerra solapada que todavía se libraba dentro de lo que se ha llamado el conflicto armado interno. Su asesinato quiso eliminar a una “voz de la verdad”, incómoda para el Estado y para quienes en él detentaban el control en temas de seguridad. Quería ser también un mensaje para otros que, por razones humanitarias o religiosas, buscaban ayudar a una población a la que todos sus derechos estaban siendo negados.

Bulos lanzados en las primeras horas quisieron apuntar en la dirección de un crimen común, sin conexiones políticas y, menos aún, con autores en la nómina del Estado. Aunque muchas personas colaboraron desde la primera hora para que el crimen se resolviera y se pudiera descubrir a los culpables, fue sin duda Helen Mack, hermana de Myrna, sin ningún pasado que la vinculara ni a temas de derechos humanos ni de justicia, quien se puso a la cabeza de las investigaciones. Durante 13 largos años Helen ha sido infatigable y tenaz, valiente a la par de inteligente, para mantener el dedo en la tecla, para que el caso no quedara en el olvido, para que la impunidad no lograra su cometido.

Las investigaciones policiales contaron también con víctimas como Mérida Escobar; el aparato judicial fue puesto a prueba. Sin la valentía y energía de Helen, el caso no hubiera avanzado. Uno de los dos autores materiales está condenado, y varios en la cadena de mando de un crimen organizado desde el Estado Mayor Presidencial (EMP) guardan también prisión. La Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró la responsabilidad del Estado en el crimen, y, el día de ayer, el Presidente de la República así lo aceptó y reconoció. Sirvan estas líneas como homenaje a dos mujeres excepcionales: Helen y Myrna Mack.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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