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El secreto de los peces de profundidad
Por Guillermo Fernández - Guatemala, 21 de noviembre de2004
guillermof@sigloxxi.com

¿Cómo logran ver los peces en la oscuridad? se pregunta en un libro infantil de esos que pretenden estimular la curiosidad de los pequeños. La interrogante surge porque la luz no penetra las profundidades oceánicas que general y consecuentemente, son totalmente oscuras. De modo que resulta retador el saber cómo le hacen los peces para, por ejemplo, no chocar y saber hacia dónde dirigirse. Pues bien, la misma publicación responde: unas líneas laterales que le corren desde sus branquias a la cola -puede observarlas la próxima vez que atrape uno- en realidad son aperturas por donde las vibraciones del agua llegan hasta los órganos sensoriales colocados abajo de esa abertura y que, a la vez, están conectados con el sistema nervioso del pez.

De esta manera las oscuras profundidades de los mares no impiden que los veloces y sinuosos vertebrados acuáticos, desarrollen parte de su vida donde los seres humanos requerimos instrumentos o luces especiales para poder ver.

Esta básica lección de zoología marina puede ejemplificar lo que sucede con otro tipo de "peces humanos", especialmente grandes, que suelen mantenerse en oscuros territorios y alejados de toda luz pública mientras asaltan las arcas estatales y después aducen que su manejo es "secreto de Estado".

Así ocurrió con el "gasto militar" que por Q906 millones se trató de sostener en las profundidades de la ignorancia civil, pero que hoy sabemos, como en la lección infantil, que pese a la oscuridad se pudo "ver" que no existen tales comprobantes -"suficientes, competentes y pertinentes"- que amparen las millonarias erogaciones de fondos públicos durante los años 2001, 2002 y 2003.

ONGs, militares y políticos

Bastó que las autoridades judiciales facilitaran los instrumentos y luces especiales para que los auditores pudieran ver claro que en los famosos "archivos secretos" del Ministerio de Defensa no se guarda más que un buen paquete de papeles -fotocopias, facturas dudosas y amañadas- con poco valor documental probatorio de gasto alguno.

Pero, como en las anchurosas aguas marítimas, donde hay meros, jureles, atunes, dorados, sardinas y hasta lenguados, en la superficie terráquea -donde nos movemos los homínidos-, también tenemos ONGs que como escuelas de peces grandes y chicos permiten a militares, políticos y a otras especies nadar con pasmosa libertad, a juzgar por la gran cantidad de esas organizaciones no gubernamentales que hoy saltan a la superficie como desechables andamios de los saqueos a fondos públicos.

El silencio y la oscuridad son hijos de una misma madre: la corrupción. Primos hermanos de "borrón y cuenta nueva" que al parecer ha encontrado una buena curul en el Congreso de la República, donde ahora se prefiere sesionar en secreto a fin de que los pescadores de la prensa no puedan siquiera lanzar sus cuerdas y anzuelos.

Pero tratemos de ver las cosas más claramente. Se intentó con diferentes recursos, judiciales y callejeros, de impedir que los archivos secretos fueran profanados por impíos civiles que nada tienen que andar auscultando "archivos secretos" para saber a dónde llegaron los dineros provenientes de los impuestos pagados por ellos.

¡Ábrete sésamo! sin tesoro

Todo el atrincheramiento militar de la "seguridad nacional", amparado en el artículo 3 de la Constitución, fue un vano intento -hoy lo sabemos- por impedir que se conociera la delictiva verdad. Finalmente, llegó el ¡ábrete sésamo! pero no trajo el tesoro probatorio. Esto es -y lo dicen nada menos que cuatro auditores-, todo indica que no es cierto que ese dinero se gastó en algo provechoso para las fuerzas armadas, como estaba autorizado con todas las de ley.

Un importante hallazgo, que deberá aportar luz a otros casos, fue el de que de los documentos que se encontraron, como justificantes de otros gastos y no de los Q906 millones, casi todos carecen de firmas legalizadas, no hay facturas que amparen la compra, no hay actas de recepción de los bienes o servicios, no constan los ingresos en el inventario o de todo no hay contrato. Es decir, la silueta de un gigantesco fraude.

Ya en la superficie, el asunto revela "indicios graves y concordantes" de que el dinero fue malversado... robado. Pero los indicios no pueden ser considerados concluyentes. Si bien no hay nada que demuestre su buen uso, tampoco hay todavía pruebas o respaldo documental -aunque no es el único tipo que puede presentarse ante un tribunal- de que se lo robaron o, menos aún, que permita afirmar quién sea él o los autores.

Por esta razón el Ministerio Público actúa con cautela en este caso. Hasta el momento hay cinco indiciados, todos con medida cautelar de arraigo, figura que en esta tierra tiene multiplicidad de variantes y alcances similares a las que posee un hule: se estira y toma forma, según lo desee o requiera el usuario. Y casi está probada la comisión del delito; luego deberán encontrarse los culpables y las pruebas que los incriminen, aunque también se incurre en delito por incumplimiento de deberes. En medio de todo, al terminar la semana, el Congreso de la República aprobó el Presupuesto de Ingresos y Egresos de la Nación, que en una de sus normas establece que las ONGs que manejen fondos públicos, "deberán presentar informes trimestrales del avance de la obra física que realicen". Pero no basta con que la ONG informe, se requiere también que alguna entidad verdaderamente fiscalice y corrobore el correcto uso de esos dineros.

Los ojos del mismo lado

Los congresistas seguramente no repararon en este detalle -o no quisieron exigirlo- porque ellos mismos se mueven en terrenos de mutuas acusaciones, "despilfarros" y sesiones secretas. Secreto... secreto... y más secreto... Ya no sólo en el Ministerio de Defensa. También en el poder donde descansa la soberanía ciudadana. La Comisión de Probidad vedó el acceso a la prensa.

El secreto de los peces de profundidad, como vemos, se multiplica con puertas cerradas. Todo en procura de "que no salgan a la luz más anomalías", como manifestó un congresista.

Ojalá que no suceda con los congresistas, fiscalizadores y hasta con el MP, lo que acontece a los "peces planos" que tienen un patrón de crecimiento inusual en sus ojos. Cuando nacen tienen un ojo a cada lado de su cabeza. Pero conforme crecen, nadan y reposan de medio lado con la mitad de su cuerpo tapado con arena o barro. Con el tiempo, ¡el ojo de uno de sus lados cambia de posición hasta que ambos ojos llegan a estar al mismo lado de su cabeza!

Fuente: www.sigloxxi.com


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