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¿En vías de desarrollo integral?
Por Guillermina Herrera Peña - Guatemala, 19 de octubre de 2005

Guatemala debe desarrollarse integralmente.

Después de décadas en las que el desarrollo puramente económico y material, que no toma en cuenta las aspiraciones de la persona y del pueblo, resulta inoperante para aquella idea de progreso que los países “en vías de desarrollo” debieran cultivar, tendríamos que preguntarnos -aquí en donde está casi todo por hacer- ¿qué desarrollo queremos para Guatemala?

Nuestro país, múltiple y ricamente diverso, ¿va a subirse al tren de un desarrollo en el que los protagonistas no son las personas concretas, las culturas vivas, la Guatemala de fisonomía multicolor? ¿Va a anularse a sí mismo para uniformarse globalmente?

Por desarrollo entendemos “desarrollo integral”; esto es, no la simple acumulación de bienestar ni la sola mayor disponibilidad de bienes y servicios. La definición de “desarrollo integral” nos alerta sobre el peligro economicista, y no porque la economía sea ajena a la vida de las personas, sino por su imposición como única herramienta para medir todo el quehacer de la cultura.

Desarrollo integral es aquel que toma en cuenta todas las dimensiones de la persona y del pueblo al que va dirigido: las dimensiones sociales, culturales y espirituales. Guatemala debe desarrollarse integralmente. No es necesario ni obligado el enorme sacrificio de sus características humanas y étnicas.

Nuestro país necesita un desarrollo que respete su patrimonio ético, social y cultural, que se diseñe sin atentar contra nuestra identidad. No podemos, por ejemplo, construir la economía sobre la base de necesidades forzadas, cultivadas por una mentalidad consumista. No son tanto los bienes ni la riqueza, ni una vida confortable a lo que debiéramos aspirar.

Es más bien la educación, la formación ética y en valores, la capacidad de actuar maduramente, con libertad, críticamente, haciendo realidad la toma de decisiones adultas y éticas en lo relativo a la existencia humana, a su realización trascendente, a la vida útil y solidaria, lo que debiéramos buscar en ese diseño de futuro que se nos está forzando a decidir cada vez con mayor prisa.

La visión parcial del desarrollo, que lo reduce a desarrollo económico, viene de lejos, pero se ha acentuado con la globalización, llegando aún a traspasar los muros de las instituciones educativas, muchas de las cuales se precian de ser “instructoras” de cuadros acríticos para el engranaje de la economía mundial, en vez de “formadoras” de personas que, en el caso de las universidades, son, asimismo, profesionales.

En un mundo que presume su poderío material, científico, tecnológico y económico, el “desarrollo integral” se plantea como una alternativa más humana para los individuos y para los pueblos.

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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