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Tres puntos...: ¡Es patrimonio!
Por Guillermo Monsanto - Guatemala, 8 de mayo de 2007

Una serie de acciones, inconcientes casi todas, hacen que muchos guatemaltecos se conviertan en destructores de su patrimonio y del de los demás.

La variedad de atentados abarca desde la depredación de objetos arqueológicos, inocente en la mayoría de los casos, hasta la destrucción de valores por medio de actos que caen en el campo de lo estúpido.

Un ejemplo de lo anotado son las repetidas ocasiones en las que se ha tenido que asistir a chóferes, poco iluminados, para desatascar sus camiones de los arcos del centenario puente de La Penitenciaría.

No se diga la cantidad de accidentes, causados por impericias, que redundan en daños permanentes en los pilares del acueducto colonial construido sobre los restos precolombinos del Montículo de la Culebra.

Los hechos de pillaje caen en los campos de lo insólito. En este sentido hay que mencionar las manos siniestras que se escudaron en una manifestación, precisamente de maestros, para robar elementos del monumento a Miguel Ángel Asturias erigido por el artista Max Eduardo Leiva.

Esto, amén de la desolación que anualmente se da en la ciudad de Quetzaltenango: vándalos, amparados en el anonimato de una capucha, se hacen pasar por miembros del Honorable Comité que organiza la Huelga de Dolores, delinquiendo así, a sus anchas.

No se digan las pintas que durante distintos tipos de protestas se hacen impunemente en edificios históricos en esta capital. Por supuesto que en ninguno de los casos se podría pensar que son docentes o universitarios los causantes de tanto destrozo ¿o sí?

A mí me costaría creerlo. A lo descrito hay que sumar el desinterés colectivo que ha convertido el Monumento a la Madre, del escultor José Nicolás, en una cloaca pública.

Pero a parte del vandalismo común ¿qué pasa cuando arquitectos y diseñadores de imagen atentan contra el patrimonio?

Aunque en el Géminis 10 ya separaron la monumental escultura que daba balance a las dos torres que componen el complejo comercial, para dar lugar al toldo metálico del restaurante de la primera planta, el traslado se hizo sin tomar en cuenta algunos requerimientos básicos de composición estudiados por su autor, Luis Díaz, cuando se construyó el edificio.

Por lo mismo, la medicina salió tan mal como la enfermedad. Sí en un principio habían soldado los infortunados toldos a la pieza, ahora ésta no sólo perdió su lugar de privilegio compositivo, si no que se vio desplazada por construcciones desechables.

Pero hasta la publicidad se convierte en cómplice impune de los atropellos al patrimonio nacional. Talvez el caso más dramático lo representa un mural reciente del maestro Roberto González Goyri.

El mosaico, ubicado en el Bulevar los Próceres, fue elaborado en la fachada del Edificio Novatex, y está cubierto desde hace meses por una manta gigantesca patrocinada por la empresa Claro que vende servicios telefónicos.

El trabajo realizado en 1999, ha sido objeto cotidiano de este tipo de vejámenes. ¿Será que el mensaje que dicha empresa quiere lanzar al colectivo es que el arte nacional no debe ser respetado?

El número de llamadas que he recibido solicitando que escriba algo sobre el tema indica que el público piensa todo lo contrario. ¿Qué están esperando para destaparlo?

Fuente: www.prensalibre.com - 070507


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