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Apocalypto
Por Guillermo Paz C. - Guatemala, 31 de enero de 2007

Mel Gibson’s montó una película cuya argumentación es una pura y simple extrapolación de algunos pocos hechos históricos de una sociedad que el cineasta llama Maya, pero que en realidad no corresponde, ni por las escenarios arquitectónicos, ni por el vestuario, ni la utilería, ni por las manifestaciones de la vida cotidiana de los pueblos mayas descritos por los cronistas españoles, sobre todo curas, a finales del siglo XVI. Y por otro lado, dada la tendencia de Gibson’s a magnificar lo sangriento, las bajas pasiones, el sadismo, con el fin de impactar a un público cinéfilo ávido de violencia escénica, sediento de actos necrófilos, convierte el film en una desagradable y, a veces, repulsiva ficción de salvajismo de los humanos.

La historia negra de la civilización maya y sobre todo azteca -que es de la que Gibson’s toma algunas pautas- arranca desde el momento de la invasión española a estos territorios. Satanizaron la religión, la filosofía, la astronomía, la educación, las fiestas, modales, vestimenta e incluso la cuenta de los tiempos, como actos, pensamientos y hechos devenidos de la brujería e inspirados por el propio diablo, desde el averno de Lucifer, por el anticristo, todo con el objetivo de justificar el robo, el saqueo, la esclavización, las masivas violaciones de mujeres y las injustificadas matanzas de miles de indefensos dignatarios y personas comunes indígenas que hoy llamaríamos genocidio. Por ejemplo se han ocultado persistentemente las masivas matanzas que realizó Cortés de Cholula y Alvarado en Tenochtitlan, cuyo único motivo fue infundir el terror y robar. A tal ocultamiento debe sumarse los millones de esclavos marcados a hierro candente: desde niños tiernos hasta ancianos de ambos géneros; nadie quedó a salvo, porque una de las formas de enriquecerse de los invasores fue vendiendo por todo el orbe a los indígenas como esclavos; negocio mayor que el robo del oro, la plata y las piedras preciosas-

Y claro, para justificar todo ese inocultable genocidio, se marcó durante siglos a esas civilizaciones con una historia negra, amparados en la religión católica y los valores de una sociedad intolerante, como era la española de esa época.

Gibson’s no hace más que llevar a la pantalla, magnificada, esa historia negra inventada por los esclavistas e invasores españoles,

El 95% de la película se dedica a demostrar el salvajismo de la supuesta sociedad maya, de su supuesto desprecio por los valores éticos y morales que sustenta la vida de los seres humanos; hace a un lado y omite deliberadamente, todos los avances científicos, tecnológicos, técnicos, culturales, etc. de esa civilización. Todo esto con el obvio objetivo de, finalmente, justificar la venida, allende de los mares, de los invasores, "providenciales salvadores" que con la espada y la cruz venían a componer ese desquiciamiento social escenificado en la película. Esa es la penúltima escena de la película.

Sin embargo, igual que la historia negra montada por los invasores para justificar sus genocidios y sus políticas de robos, saqueos y esclavización, que poco a poco ha ido develando su falsedad, la historia contada por Gibson’s deja en la escena final paso a lo inocultable: la voluntad de resistencia del pueblo maya ante la invasión extranjera.

Es como si a Gibson’s, en el último momento del rodaje le saliera, involuntariamente, la mala conciencia de situarse a lo largo del film en el lado oscuro, sórdido e injustificable de los criminales invasores y por un instante escénico de su historia nauseabunda, tiene un rasgo de verdad.

Sucede que en la escena final, el protagonista indígena, junto a su compañera y sus dos hijos, ven desde lo alto de un risco los barcos de los de la espada y cruz. Entonces ella le dice:

- ¿Qué son?
- Traen hombres. Le dice él.
- ¿Deberíamos ir con ellos? Le pregunta ella.

Él, después de una pausa donde mira a sus hijos, le responde:

- Deberíamos de ir al bosque... a buscar un nuevo comienzo.

Y se internan en la montaña, para la resistencia. Ahí termina la película.


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