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El desarrollo local, eje del desarrollo naciona!
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 8 de diciembre de 2004
gupocas@hotmail.com

Construir un proyecto de nación va mucho más lejos que definir los grandes objetivos. Claro que todos queremos una Guatemala próspera y equitativa, unida y solidaria, pero el tema de fondo es cómo lograrlo, y sin duda un elemento esencial para ello es el tipo de economía que deberá desarrollarse como sustento último de todo lo demás.

Porque una nación próspera y equitativa requerirá como fundamento una economía que brinde oportunidades para todos, y en ese sentido el desarrollo local aparece como una estrategia viable, y sin duda como uno de los ejes transversales del desarrollo nacional.

Ello es así por un conjunto de razones. En primer lugar, el desarrollo local -es decir, el descubrimiento y explotación de las ventajas y experiencias locales- es la vocación natural de nuestro territorio y nuestra población.

Por su propia conformación geológica, Guatemala es un país de nichos y microclimas. Las características de su territorio (diverso, boscoso, escarpado y accidentado), determinaron la ubicación y la forma de vida de los pueblos que la habitaron desde hace miles de años.

Aunque estos pueblos mantuvieron una intensa relación comercial desde que se inició su vida sedentaria, las relaciones sociales ocurrieron fundamentalmente al interior de comunidades y pequeñas naciones en formación, de manera que cada una desarrolló su propia identidad e idioma, a partir de un idioma común (el protomaya), que según algunos lingüistas habría surgido en las laderas de Los Cuchumatanes, en la región de Los Huistas, Huehuetenango, hace unos cuatro mil años, coincidiendo con la invención del maíz.

La diversidad del territorio y por ende de sus productos, y la ubicación geográfica del país en el corredor comercial que arrancaba desde el Valle de México y se extendía hasta el golfo de Nicoya en Costa Rica, determinaron una intensa actividad comercial.

Según investigaciones del arqueólogo guatemalteco Carlos Navarrete, hace unos tres mil años ya existían corredores comerciales que abarcaban desde El Salvador, hasta el estado de Veracruz en el Golfo de México. Por esa misma época, Izapa (contiguo a Tapachula) y Takalik Abaj, en el municipio de Nuevo San Carlos Retalhulehu, eran ya centros comerciales similares a la moderna Tapachula y a Coatepeque, y el río Suchiate hacía las veces de frontera entre los pueblos mixe - zoques y los mayas del sur. Hace unos cuatro mil años, los "mokayas" de la costa de Soconusco ya intercambiaban camarón seco por obsidiana procedente del sitio de El Chayal, cercano a la finca La Pedrera (Valle de la Ermita).

El aprovechamiento de las ventajas locales y el intercambio comercial concomitante tienen pues un arraigo milenario en nuestro suelo, y por ello mismo son parte de la identidad de los pueblos y de su saber hacer, y es mejor fortalecer aquello que ha brotado espontáneamente de la naturaleza y de la sociedad, que embarcarse en aventuras queriendo descubrir la limonada.

Pero resulta además que -según los estudios de competitividad que se han hecho- nuestro país cuenta con ventajas competitivas en actividades como el trabajo artesanal calificado, los cultivos intensivos en el uso de mano de obra, productos culturales y turismo cultural, actividades todas ellas que ya se desarrollan en el país, aunque todavía en escala insuficiente, pero que han mostrado ya en la práctica su importancia y su gran potencial.

Todas las actividades anotadas antes son propias de una economía familiar, de pequeñas y medianas empresas, que no tienen grandes requerimientos tecnológicos ni de capital. Por consiguiente, son actividades propias de una economía popular.

Una economía competitiva de base popular -uno de cuyos ejes tiene que ser el desarrollo local- es el camino para incrementar la riqueza nacional y al mismo tiempo distribuirla, sentando con ello las bases de estabilidad social y política que el país necesita para su progreso general

Tomado de www.sigloxxi.com


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