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Enigmas y lecciones del caso Comcel
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 26 de enero de 2005
gupocas@hotmail.com

El hecho de que la empresa Comcel haya financiado la campaña de Alfonso Portillo con no menos de 3.4 millones de dólares, es algo más que un nuevo escándalo político. La información que ha sido revelada al respecto deja un conjunto de interrogantes y también de lecciones.

Las interrogantes serían básicamente tres: ¿Quién tiene los recursos para acceder a esa información (cheques, depósitos y demás, información normalmente amparada por el "secreto bancario")? ¿Por qué hasta ahora sale a luz dicha información? ¿Cuál es el motivo de lo anterior?

Porque si se hicieran de conocimiento público todos los nombres y las empresas que financiaron al candidato Alfonso Portillo, las sorpresas serían mucho mayores que estas de Comcel, pues en esa lista podrían figurar algunos de los más exacerbados críticos del anterior presidente.

Lo ocurrido entre Comcel y el candidato Portillo, y lo que éste luego promovió hacia el fin de su gobierno (la renegociación del contrato con dicha compañía en perjuicio de Guatel), ilustran los perfiles más siniestros de lo que es la politiquería, y al mismo tiempo muestran la facilidad con la que se puede confundir a un electorado predispuesto.

Como todos sabemos, el fuerte de la campaña de Portillo fue la privatización de Telgua, hecho que él explotó hasta la saciedad en nombre del nacionalismo y del interés popular. Sin embargo, al mismo tiempo que pronunciaba dicho discurso y hacía un perfecto teatro al respecto, estaba pactando con Comcel una puñalada al interés nacional, por la vía de descapitalizar a Guatel, un importante activo en manos del Estado, cuya finalidad es llevar telefonía a los lugares más apartados y con menos recursos. ¡Una obra maestra de lo que se llama no tener principios!

Porque eso de que la renegociación contractual con Comcel es independiente del financiamiento de la campaña, y que sólo es un "trato justo" para la empresa (como dijo el gerente de la misma, entrevistado por este diario), es algo que Comcel no puede siquiera pretender que lo creamos. Perdió el beneficio de la duda desde que otorgó semejante suma, y ni siquiera a un partido (el FRG), sino al candidato mismo y "su proyecto". ¡No podrá pretender Comcel que los guatemaltecos pensemos que ellos, por amor patrio y por compartir "la causa" del señor candidato, tuvieron la bolsa tan generosa!

Pero, además, Comcel alega (y lo dice el propio representante de la casa matriz, una empresa sueca) que tal financiamiento es conforme a las leyes, y quizá tenga razón, lo que entonces es motivo de mayor alarma, pues se hace evidente que el mercado político nacional es también un mercado globalizado en su más amplia acepción, no sólo internacional sino también constituido por capitales "legítimos" e "ilegítimos", y señores de cuello blanco unos, y de cadenas de oro los otros, pero todos ellos traficantes de influencias.

Los hechos comentados han puesto de nuevo en la palestra la necesidad de una legislación que permita la fiscalización efectiva de las finanzas de las campañas electorales. Pero sin cuestionar que esto es necesario, hay que tomar en cuenta que el problema de fondo no es lo que diga o no diga la ley sobre la materia, sino el hecho de que en este mundo de la llamada "realidad virtual", capitales van y vienen, y en el aire no se detienen.

Entonces, la clave del asunto (además de voluntad política) radica en disponer de los medios para poder acceder a esa información, a esos movimientos de las llamadas cuentas off shore, constituidas especialmente para ocultar el peregrinar del capital, pero en este caso sus bóvedas han sido horadadas por un poder superior.

¿Cuál será ese poder superior, o es pura fantasía y toda esa información se puede conseguir por internet? ¿No será el mismo poder que defenestró a los ex presidentes de Costa Rica, Rodríguez y Calderón Fournier? ¿Por qué en la era de los superconductores y de las comunicaciones en tiempo real tomó tantos años develar el secreto de los financiamientos a los ex presidentes ticos y el de Comcel en apoyo de don Alfonso Portillo? ¿Cuándo y por qué cayó en desgracia don Alfonso con aquéllos que, hasta la mitad de su mandato, lo apoyaban con tanto entusiasmo?

Maquiavelo tendría que resucitar para desentrañar la historia de estos tiempos.

Tomado de www.sigloxxi.com


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