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Los signos de los tiempos
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 13 de abril de 2005
gupocas@hotmail.com

Según un cónclave de expertos celebrado recientemente en Argentina, la conformación de un mundo multipolar no es algo inmediato, sino una cuestión de mediano plazo, que en el plano económico tomará quizás unos 10 años, y en el plano militar se prolongará al menos un cuarto de siglo. Es decir, dentro de una década - según estos análisis - las nuevas potencias en desarrollo (China e India), más una Unión Europea fortalecida y extendida, competirán con la hegemonía económica de Estados Unidos, pero éste continuará siendo la única superpotencia militar.

Como sabemos, EE. UU. está enfrascado en la llamada "guerra contra el terrorismo", que cada vez más aparece como el elemento ideológico fundamental para mantener la cohesión del pueblo estadounidense y su apoyo a las estrategias agresivas de su gobierno. Pero si en un principio pareció que el enemigo en esta guerra se circunscribía al "terrorismo islámico", los hechos han ido mostrando que, bajo el argumento del terrorismo, se ha revivido también el arsenal político e ideológico de la Guerra Fría.

Bajo el imperio de la Patriotís Act, que en esencia significa una especie de golpe de Estado técnico mediante el cual el poder real ha pasado a manos de la CIA, resulta que de nueva cuenta tienen plena vigencia los archivos de la Guerra Fría, de suerte que a la lista de enemigos se suman quienes fueron o son militantes de organizaciones revolucionarias, aunque éstas actúen en la legalidad y ellos también.

Si EE. UU. apoyó los procesos de paz -y particularmente en Guatemala, donde fue miembro del grupo de países amigos de la negociación-, y si en ese contexto apoyó la integración a la legalidad de las fuerzas insurgentes y abogó por la reconciliación, ello no impide que ahora cierre esa página y reviva "la amenaza del marxismo", anticipando argumentos frente a la expansión china.

Esto no debería sorprender a nadie, porque más de una vez hemos escuchado que también son enemigos de EE UU. todos aquellos que osen tener un juicio crítico sobre la política de su gobierno. Para ello se echa mano de un argumento muy socorrido: "estamos en guerra, y en esas condiciones sólo existen amigos y enemigos. Los amigos tienen que ser incondicionales, y por consiguiente, todo el que no lo sea forma parte del bando contrario".

Todo esto no se queda en un discurso. El enemigo no está sólo en Iraq, Palestina y Medio Oriente sino también en América Latina, y en este caso no se trata de grupos u organizaciones irregulares, sino de gobiernos debidamente constituidos, en primer lugar el de Hugo Chávez, en Venezuela. La hostilidad hacia él es evidente, y es obvio que el mandatario venezolano ha hecho lo suyo para profundizarla. Pero también, distintos analistas ven la mano de EE. UU. en otros fenómenos no tan evidentes, por ejemplo, los intentos de desbancar a López Obrador en México e impedirle participar en la próxima contienda electoral de ese país; o sea, EE. UU. no toleraría un gobierno moderadamente de izquierda en su vecino del Sur.

Se dice que una intervención militar en Venezuela, no está tan lejana como podría parecer. Se dice que EE. UU. le exige a sus "aliados" (en realidad subordinados) en América Latina, niveles de gobernabilidad (léase de control), que en el marco de la evolución democrática no se pueden lograr a corto plazo, por lo cual el gobierno norteamericano plantea una refuncionalización de las fuerzas armadas como espina dorsal del Estado.

Se dice que EE. UU. ya no quiere saber nada del apoyo a los movimientos étnicos, dado que con ellos les salió el tiro por la culata: seguramente pensaron que podían lograr un apoyo incondicional de los mismos, y resultó que los movimientos étnicos en América Latina se oponen a objetivos estratégicos como los tratados de libre comercio, el petróleo, la minería, la construcción de hidroeléctricas y demás.

Sea como fuere, no cabe duda que se nos viene encima un período turbulento, en donde quizá no se produzca una guerra mundial como tal, pero sí una reedición de las guerras locales como medios de esa confrontación mundial. Es un período que exigiría hacer la mayor conciencia posible y proponer los esquemas políticos más amplios, a fin de defender los intereses nacionales por encima de cualquier conflicto interno.

Fuente: www.sigloxxi.com


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