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La retórica del Estado de Derecho comienza a desmoronarse
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 13 de abril de 2005
gupocas@hotmail.com

Paradoja: a la izquierda le tocará defender la democracia electoral.

Ahora que la izquierda (genéricamente hablando), logra posiciones a través de las elecciones, aparece entonces la tendencia a cuestionar la democracia electoral, por parte de aquellos que hasta hace poco decían estar dispuestos a romperse el pecho por ella. Efectivamente, la izquierda se ha servido de los votos. Primero fue Chávez, luego Lula, recientemente Tabaré y quizás el año próximo Manuel López Obrador, en México: ¡suficiente para que se apague el ardor democrático que reinaba cuando sólo la derecha ganaba elecciones en América Latina!

Ahora, los intelectuales del sistema se sacan de la manga que la democracia no es inherente al estado de derecho, pues éste consiste en respetar la propiedad privada y los contratos, para lo cual no se necesita un gobierno electo. En otras palabras, el hecho fundante de la legalidad del Estado, cuyo principio proclama que la soberanía radica en el pueblo quien la delega a través del voto, resulta que puede ser prescindible sin que ello cuestione la legitimidad del orden político y jurídico, siempre y cuando éste se apegue al "derecho natural" encabezado por la propiedad privada y la libertad (ésta última, media vez no se utilice para elegir izquierdistas).

Por supuesto que este discurso tan bien acomodado a los tiempos y a los intereses dominantes no es producto de meras especulaciones doctrinarias, sino más bien una herramienta útil para justificar lo que pueda pasar. La separación entre democracia y estado de derecho, que abre la puerta a los golpes de Estado (no necesariamente militares), le cae como anillo al dedo a los halcones de Washington. Seguramente la lección fundamental que estos sacaron del referéndum que confirmó a Hugo Chávez en la Presidencia, fue que se habían enredado en su propia telaraña de la legalidad y el orden constitucional, sin prever que en algún momento ésta ya no serviría para mantener atrapada a la izquierda.

Palabras más o menos el discurso antes evocado empieza a cobrar forma, y ello anuncia que la retórica del estado de derecho comienza a desmoronarse, y así seguirá en la medida que las reglas democráticas ya no sirvan para consolidar los intereses dominantes. También puede ocurrir que sea una falsa alarma, y que el juego electoral pueda ser rescatado como herramienta confiable del sistema, en cuyo caso aquí no ha pasado nada.

Pero el fondo del asunto es muy claro: la ley es la expresión del poder, el cual la determina y le da su contenido esencial. Por eso, hace más de siglo y medio, en sus "Tesis sobre Hegel", el joven Marx exclamaba: ¡Vuestro derecho no es más que la voluntad de vuestra clase erigida en ley!

Como la historia está llena de paradojas, ahora, y cada vez más en el período por venir, a la izquierda le tocará la tarea de defender la democracia electoral que tanto despreció en el pasado, rebelándose contra ella por considerar que únicamente servía para legalizar el poder de hecho de la derecha (del sistema). En el período por venir (al igual que en la lucha contra el fascismo en Europa), la defensa de la democracia y del orden jurídico debe ser fundamental como parte de una estrategia esencialmente defensiva: la de preservar derechos adquiridos y la de no retornar a sistemas de fuerza.

*Consultor político

Fuente: www.sigloxxi.com


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