Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

El Lobby presidencial
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 18 de mayo de 2005
gupocas@hotmail.com

El Gobierno del presidente Bush concibe el TLC como un instrumento de seguridad interna, más que como un tratado comercial.

Los mandatarios se mostraron muy complacidos con su tarea y especialmente dispuestos ante su poderoso anfitrión.

Los presidentes de Centroamérica y el de República Dominicana acaban de concluir en Washington una singular visita, condimentada con una alarma de ataque terrorista para ponerle sabor al caldo. En esa visita ejercieron una función insólita, la de lobbistas, visitando a congresistas, senadores y gobernadores y aceptando de hecho que su alta investidura fuera equiparada con la de aquellos.

A pesar de lo anterior, los mandatarios se mostraron muy complacidos con su tarea y especialmente bien dispuestos ante su poderoso anfitrión. No tuvieron empacho alguno para asumir las funciones que se les asignaron, incluida la de impedir la emigración ilegal al Norte, fuente principal de divisas, al menos para El Salvador y Guatemala. En cambio, la situación de nuestros paisanos en Estados Unidos no mereció siquiera un punto de agenda.

Todo sea por el famoso TLC, concebido por ellos como la gran oportunidad para nuestros países, prueba de lo cual -según su criterio -son las resistencias que existen en Estados Unidos para su aprobación. Sin desestimar que estas resistencias sean reales, hay que decir que en el caso mexicano también se dio la misma situación, y las oposiciones en Estados Unidos contribuyeron a reforzar la percepción de que se obtenía ventaja con el Tratado, como lo evidenciaban los temores de la otra parte. La realidad demostró que ello no era así.

El lobby presidencial en Estados Unidos permitió confirmar que el gobierno del presidente Bush concibe el TLC como un instrumento para su seguridad interna más que como un tratado comercial. Fue en ese contexto que el mandatario norteamericano planteó su gran objetivo de detener la emigración ilegal, ahora también sindicada de ser vehículo para el terrorismo.

Pero sin duda las recientes declaraciones del señor Zoellick al respecto son más elocuentes. Zoellick fue el negociador principal del TLC y es el segundo en el Departamento de Estado. Ante la ultra conservadora Fundación Heritage declaró que el CAFTA va mucho más allá del comercio. "Debemos decidir -dijo- si sacrificaremos los intereses estratégicos de Estados Unidos y el futuro de Centroamérica por una cucharada de azúcar" o si "el CAFTA tendrá en cuenta convenciones laborales internacionales que ni siquiera el propio Estados Unidos ha ratificado".

A su juicio el TLC es una "recompensa" a la región por los avances democráticos de los años 90, y si Estados Unidos "retrocede al aislacionismo, Daniel Ortega, Hugo Chávez y otros como ellos -autócratas de izquierda o de derecha- avanzarán.

Lo de los autócratas de derecha está por verse, pero lo que sí queda claro es que el TLC forma parte de una ofensiva política e ideológica de la administración norteamericana cuyo verdadero objetivo es llevar a la práctica la famosa Doctrina Monroe de América para los americanos, ahora que China asedia la plaza y que Estados Unidos está en riesgo de perder la hegemonía sobre su traspatio latinoamericano.

*Consultor político

Fuente: www.sigloxxi.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.