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¿Mercados libres o regulados?
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 1 de junio de 2005
gupocas@hotmail.com

El proceso de globalización no debe ser confundido con el comercio libre. La apertura de las economías se refiere exclusivamente a las de los países pobres.

Con TLC o sin él, nuestro país está ya inmerso en el proceso de globalización, el cual no hay que confundir con el comercio libre, como algunos nos quieren hacer creer. Lejos de ello, la globalización consiste en un mercado estrictamente regulado por un sistema de reglas dobles, unas para los países hegemónicos (el tiburón), y otras para los Estados marginales (las sardinas).

La famosa apertura de las economías se refiere exclusivamente a las nuestras (de los países pobres), mientras los países ricos hacen como si abrieran las suyas, cuando en realidad subsidian a determinados productores (fundamentalmente agrícolas); mantienen (o incluso incrementan) barreras arancelarias, y se guardan siempre bajo la manga los elementos para imponer - cuando así lo deseen - las barreras no arancelarias, especialmente perniciosas para el comercio.

No obstante, hay voces en el contexto de los países desarrollados que cuestionan este sistema de intercambio desigual, y una de ellas es la del Reino de Suecia. En su nueva política para el desarrollo global se asienta:

"El desarrollo es favorecido por el comercio libre. Sin embargo es limitado fuertemente por las regulaciones que impiden el intercambio comercial. La UE y los demás países industrializados tienen diferentes barreras comerciales orientadas hacia los países en desarrollo, que impiden su acceso a nuestro mercado. Estas barreras comerciales deben ser eliminadas lo antes posible.

"Al mismo tiempo es razonable que los países en desarrollo mantengan una cierta protección arancelaria frente a los países industrializados, al menos mientras éstos impidan un comercio libre. Se debe permitir a los países en desarrollo que gradualmente abran sus mercados para preservar el crecimiento de una producción propia".

No queda mucho por decir, salvo que los mercados libres siguen brillando por su ausencia, y que la realidad continúa siendo la de los mercados regulados. Dado que ello es así, los países pobres deberíamos formar un frente común por mercados justos, fruto de una apertura equitativa de las economías. Por el contrario, nuestro país claudica sin luchar; y a las primeras de cambio se ata las manos firmando un TLC con Estados Unidos, y se pliega sin recato a cuanto disponga la potencia del Norte, sin el mínimo esfuerzo por definir e impulsar un interés nacional.

Sumando esfuerzos con las potencias de América del Sur (Brasil, por ejemplo), podría lograrse cierta capacidad de negociación en temas tan sensibles como el azúcar. Pero lejos de ello, lo que hemos podido observar es una política de alineamiento automático, como quedó tan claro en la elección de Secretario General de la OEA, donde la diplomacia guatemalteca ni siquiera consideró la posibilidad de sumarse a un bloque latinoamericano en ascenso.

No se trata de confrontar, sino de negociar. Aún gobiernos como el del presidente Uribe de Colombia, que es un aliado de primera línea en la "guerra contra el terrorismo", no por ello deja de buscar el interés de su país, como es su deber y su tarea, y si hay que hablar con Hugo Chávez y lograr acuerdos con la China continental, pues todo es cuestión de determinar si ello conviene o no al interés nacional.

*Consultor político

Fuente: www.sigloxxi.com


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