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El siglo de la sabiduría y de la locura
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 15 de junio de 2005
gupocas@hotmail.com

El presidente del Congreso de Bolivia explicó la profunda crisis de su país como resultado directo de las políticas neoliberales..

"Érase el mejor y el peor de los tiempos, el siglo de la sabiduría y de la locura, la era de la fe y de la incredulidad, la temporada de la luz y de las tinieblas, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación; delante de sí el mundo lo tenía todo y no tenía nada, iba directo al cielo y directo al infierno. En suma, érase una época como la actual".

Este texto de Dickens, con el cual inicia su "Historia en dos ciudades", ha pasado a la posteridad como una brillante síntesis de las contradicciones que preceden y que producen una revolución. La novela tiene como eje el triunfo de la Revolución Francesa y los cambios radicales que ésta introdujo. Dickens comenta en un segundo párrafo que, "para los poderosos de ese tiempo, el mundo parecía haber sido hecho para siempre. Corría el año del señor de 1789".

Un clima parecido impera en la época actual, caracterizada por unos enormes contrastes donde lo mejor y lo peor se reparten desigualmente entre los distintos sectores sociales. Aunque exista un avance general y se haya reducido el índice de pobreza, el contraste entre la opulencia y la miseria, y el hecho de que sectores completos de la población no sean "viables" en la economía global, refuerza lo inicuo de la pobreza y su potencial explosivo.

La sabiduría y la locura también se producen al mismo tiempo, pero la locura parece estar ganando la batalla, y la incredulidad prevalece sobre la fe. La locura principal consiste en cerrar los ojos ante lo que está pasando, y no ver que en el fondo de todo está el invierno de la desesperación a que han sido conducidos pueblos enteros por políticas económicas empobrecedoras.

Cuando el presidente del Congreso de Bolivia le dio posesión al nuevo presidente de la República, Eduardo Rodríguez, pronunció un discurso en el cual explicó la profunda crisis de su país como resultado directo de las políticas neoliberales impuestas por los organismos financieros internacionales, las cuales condujeron al famoso "adelgazamiento" del Estado hasta dejarlo en trapos de cucaracha, y por consiguiente sin posibilidad de sentar bases mínimas de gobernabilidad, como lo son responder significativamente a las necesidades sociales básicas. Por el contrario, los recortes del gasto público y las privatizaciones encarecieron la vida de la gente, al mismo tiempo que una economía especulativa, comercial y de servicios reducía la capacidad de generación de puestos de trabajo.

El movimiento campesino e indígena de Bolivia demanda la nacionalización del petróleo, en la cual encuentra la única vía para escapar de la miseria. Esto sin duda está impactado por la percepción popular sobre lo que ocurre en Venezuela, donde la renta petrolera financia un conjunto de programas sociales. Si éstos son sostenibles o no, poco le puede importar a quien ni siquiera sabe si va a comer al día siguiente.

Pero pareciera que para los poderosos de este tiempo lo dicho antes y mucho más que se podría agregar no es algo digno de tomar en cuenta, más que como discurso obsesivo de los estatistas, populistas, socializantes y demás yerbas. Según ellos, no son la pobreza y la desesperación las que explican las rebeliones sociales sino la ignorancia de la gente, que por tal motivo cae bajo el influjo de demagogos y populistas. A su juicio, el verdadero descontento de la población radica en que el Estado no hace respetar la propiedad privada ni los contratos y se mete en lo que no le importa, y por supuesto la culpa la tienen los políticos por corruptos e incapaces. Por consiguiente, ¡parte sin novedad!

*Consultor político

Fuente: www.sigloxxi.com


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