Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Ausencia de una estrategia general
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 19 de octubre de 2005
gupocas@hotmail.com

Una vez más, la destrucción y la muerte pusieron en evidencia la debilidad del Estado.

Para pensar y actuar en profundidad, hay que aprovechar el momento.

La tragedia ocurrida como consecuencia del huracán Stan, y sobre todo sus secuelas de mediano y largo plazo, han ocupado la atención de la sociedad y del Gobierno y han puesto al descubierto, entre otras cosas, que el país carece de una estrategia para la prevención y atención de desastres. Estudios y planes al respecto abundan -se ha dicho- pero no existe voluntad política para implementarlos.

Lo primero que habría que subrayar es que una estrategia particular -como por ejemplo, la relativa a desastres- debe formar parte de una estrategia general, y que ésta, para serlo, tiene que ser un compromiso de Estado, y por ende, un compromiso multipartidario. No tiene sentido alguno definir una estrategia para cuatro años, y menos aún para los dos que le faltan a este gobierno para concluir.

Una vez más, la destrucción y la muerte derivadas del desastre natural lo primero que pusieron en evidencia fue la debilidad estructural del Estado, su carencia de los recursos básicos para atender las demandas elementales de la sociedad. La voluntad política siempre es importante, porque sin ella no se mueve nada a nivel de lo público, pero también hay que tomar en cuenta -como repite Raquel Zelaya- , que en el Estado la voluntad política se llama cheque.

Porque en el fondo de todo está lo de siempre; es decir, un Estado cuya carga tributaria apenas alcanza el 10 por ciento del PIB, siendo esta tasa una de las más reducidas del mundo. Si esto sigue así, planes y proyectos no tienen otro destino que dormir la paz de los archivos, y en ese caso mejor ahorrarse el gasto de elaborarlos.

La tragedia, efectivamente, abre oportunidades. La primera es un consenso político básico entre los diferentes partidos que -más allá de abrir un camino para reparar el daño social y económico- vaya creando las bases para reducir la incertidumbre política, la cual es uno de los factores más negativos para propiciar la inversión.

Es también el momento de constituir una entidad que pueda representar de manera efectiva y eficiente a la sociedad civil -y en especial a los trabajadores y empresarios- a manera de articular un diálogo permanente con los poderes públicos, y de esa manera contribuir al diseño e implementación de una estrategia nacional. Las tragedias tienen un gran potencial de unidad, porque constituyen un desafío que para todos es indispensable superar.

El proyecto de Nación, comprendido como el diseño ideal del país que quisiéramos, es una fase ya agotada, que ha dejado sus frutos, pero que sólo adquiere sentido si se pasa a una nueva fase, la de elaborar estrategias concretas, la primera de las cuales es resolver el tema de los recursos; es decir, cómo se va a financiar lo que se conciba y planifique.

Para pensar y actuar en profundidad hay que aprovechar el momento -el impacto emotivo de los acontecimientos- pero creando las condiciones para que a partir de allí se desarrolle un compromiso permanente, una diferente actitud de los guatemaltecos frente a las necesidades colectivas y la acción del Estado, que es por naturaleza el ente encargado de hacer realidad la primacía del bien común.

Fuente: www.sigloxxi.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.