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La Coyuntura electoral
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 21 de diciembre de 2005
gupocas@hotmail.com

Debido a la polarización, otra vez pesará mucho el voto negativo ("en contra de").

Como todos lo sabemos, el año que viene tiene un fuerte sabor electoral. De hecho, desde antes que se iniciara el actual gobierno ya se hablaba de las posibles candidaturas. Obviamente, cualquier cálculo sobre los eventuales resultados es, a estas alturas, pura especulación. Preguntar en este momento por las preferencias electorales sólo constituye un vago indicador de lo que puede pasar en las urnas.

Aún siendo tan temprano, hay algunos elementos de carácter general que pueden señalarse. El primero es que todo pinta para que de nuevo la masa de votantes se agrupe mayoritariamente en torno a dos opciones: la que representa Alvaro Colom y que el público percibe como contestataria, y la que la gente identifica genéricamente como el PAN original, ahora dividido entre la Gana, el PAN y los Unionistas.

Debido a esta polarización, otra vez pesar* mucho el voto negativo (en contra de...), de manera que el votante mayoritario se cuidará de no "desperdiciar" su voto, es decir, de no depositarlo a favor de un candidato que, aunque sea de sus simpatías, no tiene posibilidades de triunfo. Lo anterior incidirá sobre todo en el campo de las fuerzas del sistema, cuyos simpatizantes perciben a Alvaro Colom casi como un nuevo Portillo.

Así las cosas, puede ocurrir en las elecciones venideras algo similar a lo que pasó en la elección pasada con la candidatura de Óscar Berger, que le quitó toda posibilidad a otras candidaturas de similar posicionamiento político (Suger y García Gallont), porque el votante de ese lado del espectro tenía por preocupación principal la derrota del FRG, y junto con ella la de Colom.

Si el fenómeno antes descrito se produce, ello abonará a una determinada concentración política que también es propiciada por las nuevas disposiciones de la Ley Electoral. Como sabemos, dichas disposiciones reducirán drásticamente el número de partidos que podrán competir (quizá seis), y no permitirán la inscripción de ninguno de los comités pro partido, imposibilitados de reunir en dos años los cerca de dieciséis mil adherentes que se exigen ahora.

Todo apuntaría - según la lógica formal - a la conformación de coaliciones (algo que los votantes esperan, según determinadas encuestas que han planteado el tema). La concentración política propiciada por la polarización y las reformas legales, no es más que el reflejo de una realidad previa, es decir, la falta de opciones de los partidos pequeños derivada de no contar con las sumas millonarias que ahora cuestan las campañas electorales, lo cual significa que aunque participen no tienen ninguna posibilidad.

La formación de coaliciones o la integración de grupos políticos en el seno de partidos mayores ya no será cuestión solamente de buscar el triunfo, sino de asegurar la sobrevivencia, de salvar el registro para quienes lo tienen y de poder participar en la lucha política para los que no lo tienen ni lo podrán obtener. Es pues un momento de cambio obligado, aunque no por ello se puedan asegurar resultados felices, ya que queda por verse si los partidos grandes serán capaces de democratizar su vida interna a manera de abrir espacios para otros o si, por el contrario, pretenderán imponer su hegemonía, fortalecida ahora por las condiciones señaladas antes.

Más a corto plazo, el próximo proceso electoral nos mostrará si las diversas fuerzas políticas son capaces de lograr acuerdos en dirección de intereses compartidos, o si seguirá prevaleciendo el sectarismo ciego y las pretensiones absurdas de quienes, muchas veces por capricho, prefieren continuar siendo cabeza de ratón.

Fuente: www.sigloxxi.com


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