Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Antipatía, fastidio, indiferencia
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 14 de marzo de 2006
gupocas@hotmail.com

Para el tema que más se comenta nadie encuentra respuesta:¿Cuál fue el motivo de la gira?

En esas tres actitudes se resume la reacción de los guatemaltecos ante la visita del presidente Bush, la cual ha producido una rara unanimidad: nadie se congratuló por su presencia, ni en la derecha ni en la izquierda y tampoco el ciudadano de la calle, fastidiado por un desmesurado dispositivo de seguridad.

La prensa escrita conservadora, que por tradición ha sido más que complaciente con los gobiernos de Estados Unidos, no ocultó su distancia frente al personaje y su extraño periplo, transcurrido sin pena ni gloria.

Para el tema que más se comenta nadie encuentra la respuesta: ¿cuál fue el motivo de la gira? Porque de ella se puede escribir la “crónica de un fracaso anunciado”, y no cabe en la cabeza de ninguno que alguien hubiera podido pensar lo contrario.

Tal como señaló Dina Fernández en Prensa Libre, siempre ocurren protestas cuando llega un presidente estadounidense, pero “no cualquier día viene a Guatemala el peor mandatario en la historia de la Casa Blanca, el texano que pasará a la posteridad como el Nerón del siglo XXI”.

Además del repudio mundial que ha concitado la guerra de rapiña en Iraq, en el caso de Guatemala se agrega —con mucho mayor impacto social— el tema de los migrantes chapines y de las redadas inhumanas que se han llevado a cabo, y las cuales han dejado a centenares de niños en una virtual orfandad (Herodes el Grande, le llamó al presidente Bush, el arzobispo Rodolfo Cardenal Quezada Toruño). El mandatario norteamericano vino en una coyuntura de gran algidez desencadenada por el asesinato de los tres diputados salvadoreños a manos de un comando integrado por policías y encabezado por el jefe de la división contra el crimen organizado, y luego la ejecución de ese comando en la cárcel de El Boquerón. El tema dio lugar a una inusitada declaración del representante de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Anders Kompas, según el cual Guatemala es un “Estado fallido”. Semejante declaración ocurre cuando en la frontera sur occidental con México se encuentran mil soldados de EE.UU. en tareas de “acción cívica”, en un área donde hace poco el Ejército de Guatemala destruyó cerca de 4 millones de plantas de amapola. Tal presencia militar, en un “Estado fallido”, bien podría ser el inicio de la militarización de la frontera con México por tropas estadounidenses. Al mismo tiempo, los crímenes ya comentados han arreciado la campaña por la aprobación de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) que, más allá de si es constitucional o no, es una confesión de impotencia por parte del Estado, la cual abre la puerta para que otros espacios caigan eventualmente bajo la tutela internacional, por ejemplo, la conservación de la biosfera maya, declarada “patrimonio de la humanidad”, y que el Estado no ha demostrado la capacidad de protegerla, y a veces ni siquiera la voluntad de hacerlo.

De la antipatía, el fastidio y la indiferencia sólo escapa la autorizada opinión del canciller Gert Rosenthal, para el cual los encuentros cara a cara tienen gran importancia en las relaciones bilaterales, señalando que la ausencia de compromisos concretos no debe interpretarse como fracaso de la gira, pues esas decisiones dependen de procesos políticos complejos y no sólo de la voluntad del Presidente. Sin embargo, como era previsible, Bush no dejó abierta siquiera una rendija para el tema que nos conmueve y nos debe movilizar a los guatemaltecos: nuestros paisanos emigrados.

Fuente: www.sigloxxi.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.