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La vía china al desarrollo
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 25 de julio de 2007
gupocas@hotmail.com

Es una peculiar combinación de economía planificada y empresas privadas y mixtas.

El pueblo chino disfruta ahora de niveles de bienestar que sus padres nunca soñaron.

“Entre nosotros, unos cuantos individuos derriban los árboles del bosque, o se establecen en la ribera de un río, donde hayan encontrado alguna ventaja local, y construyen casas que se adapten a sus necesidades; otros llegan, se les unen y gradualmente el pequeño poblado se convierte en una ciudad grande. Pero aquí, en Rusia, un gobierno gigantesco, dotado de facultades casi creadoras, dice: Que haya una ciudad”. (J.L. Stephens).

Todo indica que el ser humano no produce riqueza sin producir al mismo tiempo desigualdad. El socialismo del siglo XX logró considerables niveles de igualdad, pero no de riqueza. La via de desarrollo china —que dista mucho de la teoria marxista del socialismo— produce riqueza a ritmos jamás conocidos, pero el abismo entre los nuevos millonarios que se debaten entre un Rolls Royce y un Ferrari, por una parte, y las capas más pobres de la poblacion, por la otra, es el crudo testimonio de que el sueño de la igualdad quedó en eso: en un sueño.

Sin embargo, hay que decir de entrada que a pesar de la desigualdad, el pueblo chino en general disfruta ahora de niveles de bienestar que sus padres nunca soñaron, y menos aún sus abuelos, quienes quizá conocieron las hambrunas que asolaban al pais antes de la revolucion comunista. Cuando estaba en su apogeo la polémica sobre China y su enfrentamiento con la Union Soviética, Ricardo Ramírez (Rolando Morán) me decía: Dígase lo que se diga, el solo hecho de que la revolución china haya conjurado el hambre, constituye un mérito histórico inconmensurable. Según The Economist, entre 1979 y 2003 China ha sacado a doscientos setenta millones de personas de la pobreza extrema.

La “via china” no es el socialismo pero tampoco el capitalismo. Es una experiencia inédita que se intenta encajar en conceptos conocidos como “capitalismo de Estado”, pero quiza se parezca más a una prolongacion —desarrollada y transformada— de lo que en su momento determinados teóricos denominaron como el “modo de producción asiático” y su superestructura politica, el despotismo oriental, ambos consustanciales a lo que historicamente fueron las “sociedades hidráulicas”. En estas, la produccion individual solo fue posible sobre la base del control del agua, lo cual requirió de obras inmensas —represas y canales de irrigación— que sólo podìan ser construidas y empleadas colectivamente. Por ello, el papel principal le correspondió al poder despótico, el único capaz de organizar, controlar e imponer la construcción y uso de las mismas.

Hoy ya no es el control del agua el factor determinante del modo de producción, pero sí la capacidad de organizar y mover a grandes masas de población en una misma dirección o imponerles medidas tan drásticas como sólo tener un hijo por pareja.

La “vía china” es una peculiar combinacion de economia planificada y empresas privadas y mixtas, además de la pequeña producción y el pequeño comercio. La planificación y la inversión pública se reflejan en la construcción de infraestructura de todo tipo concebida con mucha anticipación, para una demanda que todavía no existe, pero que seguramente vendrá porque el propio Estado se encarga de crearla anticipando la oferta. Pero la esencia de esa “vía china” es “un gobierno gigantesco, dotado de facultades casi creadoras”, como señaló con tanta agudeza John Lloyd Stephens a propósito de la Rusia zarista.

Fuente: www.sigloxxi.com


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