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Esquipulas II: una reflexión pendiente
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 15 de agosto de 2007
gupocas@hotmail.com

Estos acuerdos se producen cuando las opciones eran escalada militar o solución política.

La semana pasada se realizaron en Centroamérica diversos actos conmemorativos de la firma de los Acuerdos de Esquipulas II, ocurrida en Guatemala el 7 de agosto de 1987. Pero además de la conmemoración, lo que se impone es desarrollar el análisis y la reflexión sobre ese acontecimiento, en el cual convergieron un conjunto de factores políticos, regionales e internacionales, que son sumamente ilustrativos, no sólo de la historia contemporánea, sino también como experiencia exitosa para lograr la paz y la distensión.

Dichos Acuerdos se producen en el momento en que la evolución de la situación en Centroamérica enfrentaba una disyuntiva fundamental: o se continuaba con la escalada militar o se buscaba una solución política. Lo primero significaba el riesgo de una guerra regional con repercusiones cada vez más negativas para la zona adyacente (México, Panamá, Colombia y Venezuela, quienes integraron el Grupo de Contadora), y también para la paz mundial. Lo segundo (la solución política), era un proceso difícil pero no imposible, ya que si bien la polarización era muy alta, en la coyuntura concreta prevalecían en el área gobiernos de orientación socialcristiana y socialdemócrata, inclinados a mediar y encontrar soluciones políticas.

Lo anterior se vio reforzado por la activa presencia de la diplomacia europea en la región, luego de un período de prolongada ausencia. Dicha presencia se orientó específicamente hacia la solución política de los conflictos armados, mediante negociaciones que permitieran avances sustantivos en el respeto a los derechos humanos y políticos de las poblaciones, y junto con ello su mejoramiento económico y social. Esta presencia diplomática, además de sus objetivos humanitarios, estaba guiada por la convicción de que la escalada del conflicto centroamericano constituía una amenaza creciente a la paz mundial.

Por el otro lado, la línea de la confrontación militar era alentada por el Gobierno de Estados Unidos, encabezado por el presidente Ronald Reagan, quien constituía la expresión radical del pensamiento fundamentalista norteamericano, en un momento en que la carrera armamentista se llevaba a su más alta expresión con la Guerra de las Galaxias, que perseguía también acentuar la deteriorada economía del Imperio del mal, la Unión Soviética.

El Gobierno estadounidense estaba inmerso en una situación de creciente presencia militar, construyendo bases en Honduras y financiando con sumas millonarias al Gobierno de El Salvador, y no había dado señal alguna sobre una posible salida negociada. Además, el reciente triunfo de la Revolución Sandinista y el hecho de que ésta conservara el poder, significaba para Estados Unidos aceptar que su voluntad ya no se podía imponer de la misma manera en su tradicional traspatio.

Sin embargo, a pesar de esos poderosos factores prevaleció la negociación, lo cual es en sí mismo un hecho que refleja un cambio histórico en Centroamérica, y que puede ser considerado también como el preludio del proceso de cambios que se ha abierto, sobre todo en Sudamérica, y que es reflejo de que la hegemonía estadounidense ya no se puede imponer unilateralmente.

Diez años después de la firma de los Acuerdos de Esquipulas II llegó la paz a Guatemala, y con ello concluyó el último de los conflictos armados en Centroamérica, y la región se convirtió en una zona de paz política. Sin embargo la paz integral todavía no llega, y la razón principal de ello es que todavía no se cumple con un principio fundamental de los Acuerdos de Esquipulas y de los Acuerdos de Paz en cada país, y es que “paz y desarrollo son inseparables”.

Fuente: www.sigloxxi.com


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