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Buenas noticias de la ENCOVI 2006
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 29 de agosto de 2007
gupocas@hotmail.com

La disminución de la pobreza general, en seis años se redujo en cinco puntos.

A pesar de los nubarrones políticos que cíclicamente oscurecen el horizonte de Guatemala, en la base de la sociedad se siguen desarrollando tendencias de cambio que han ido transformando positivamente el país. Entre éstas, subrayo la demanda social de educación y capacitación, el crecimiento de una economía competitiva de base popular, la tendencia a la organización, el papel creciente de las mujeres en la sociedad y en la política, y un protagonismo y un peso específico cualitativamente superior de la población indígena.

Lo anterior es producto principalmente del esfuerzo de la gente frente a los imperativos de la necesidad, aún cuando también ha sido estimulado por políticas públicas. Una de éstas, fundamental, es la política educativa, que hoy debe responder a la demanda de la población, sobre todo en el área rural, mientras antes había que hacer esfuerzos por convencer, sobre todo a los campesinos, de la conveniencia de que sus hijos fueran a la escuela.

Los datos que nos da la Encovi 2006 son estimulantes, a la par que muestran el déficit estructural que seguimos arrastrando. Un ejemplo entre varios es el de la educación, donde se logran avances sensibles a pesar que la inversión del Estado de Guatemala en la materia apenas llega al 2% del PIB, mientras el promedio latinoamericano es superior al 4 %. De todas formas es una buena noticia que la cobertura a nivel primario alcanza el 95%, de manera que estamos muy cerca de la cobertura completa, y es una buena noticia que la cobertura para niños de 10 años de edad es del 100%. Sin embargo, estos indicadores descienden marcadamente cuando se trata de la educación media, y mucho más en materia de formación universitaria. El analfabetismo continúa su marcha descendente y ahora se ubica en el 24% de la población total.

Las buenas noticias incluyen la disminución de la pobreza general, que en seis años (2000 – 2006) se redujo en cinco puntos, pasando del 56 al 51%. Sin embargo la pobreza extrema no cede, ya que en 2000 era del 15.7% y en 2006 de 15.2 %. Esto demuestra que, en materia de pobreza extrema, el mero funcionamiento de la economía no es suficiente, y que por ello se necesita de políticas específicas, incluso de carácter tutelar, ya que en el mundo de hoy es sumamente difícil para los extremadamente pobres conseguir empleo (que cada vez requiere mayor calificación), y asimismo los extremadamente pobres no tienen acceso, o muy escaso, a los flujos de remesas enviados desde el exterior.

Para todos los indicadores citados y otros más, se sigue manifestando la incidencia de desigualdades básicas, de manera que los más pobres son quienes tienen menos acceso a la educación y a los servicios, y por consiguiente a las oportunidades. El área rural sigue en desventaja con relación al área urbana, las mujeres (a pesar de mejoras muy sensibles), muestran índices inferiores a los de la población masculina y la pobreza se sigue concentrando prioritariamente en la población indígena, donde el porcentaje de pobres tuvo un ligero incremento en el 2006 (56.25%) con relación al 2000 (55.72%), aunque esta población es la que muestra las dinámicas más intensas en materia de educación.

Así que los datos, que aún sólo se conocen de forma parcial, muestran que a pesar de los pesares hemos ido avanzando en cuestiones de fondo como las citadas, pero ese mismo avance —cotejado con la insuficiencia de recursos empleados— señala claramente el potencial del país si se invirtiera como se debe, fundamentalmente inversión pública estimuladora de la producción y del desarrollo social.

Fuente: www.sigloxxi.com


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