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Muchas interrogantes y pocas certezas
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 5 de septiembre de 2007
gupocas@hotmail.com

Ningún candidato está comprometido con los cambios que necesita Guatemala.A pesar de los tropiezos políticos, el país continúa en una ruta de progreso.

En la víspera de las elecciones la incertidumbre aún no se disipa, por lo menos para un porcentaje considerable del electorado. La gente en la calle sigue comentando que no sabe por quién votar. Conforme el día se acerca, crece el temor de que las votaciones se compliquen por fallos técnicos, por inconformidades, por lluvia o por lo que sea. Pero sobre todo la incertidumbre gira en torno al futuro del país, por cuanto de una manera u otra la mayoría de ciudadanos percibimos que del evento electoral no saldrá la fórmula que permita enfrentar la situación.

La percepción anterior va más allá de lo que se pueda pensar sobre las calidades y virtudes de los candidatos, pues no se trata de una cuestión personal sino política. Y en materia política, ninguno de los candidatos y partidos con posibilidad de triunfo está comprometido con los cambios que necesita Guatemala. Los propios candidatos se han encargado de mostrar eso en los llamados “debates”, en los cuales (salvo la señora Menchú), han evadido los problemas de fondo como el fiscal.

Por el contrario, la tónica ha sido que el nivel de ingresos es suficiente (y alguno dijo que hasta es mucho), y que en todo caso lo que corresponde es reducir el Estado y con ello el gasto. Sin embargo, si alguien hubiera hecho el cálculo de qué presupuesto se requiere para financiar lo que han planteado los candidatos, es seguro que la cifra sería muy superior a la del presupuesto actual y el que está por aprobarse.

Tampoco el tema crucial de la reforma del Estado se ha planteado de forma integral y categórica. Allí también es el reino de las evasivas, tratando de quedar bien con Dios y con el Diablo. Aún cuando dos de los candidatos conocen el Estado desde dentro, su discurso denota que subestiman esa complejidad y que plantean las cosas como si se tratara de soplar y hacer botellas.

Más de alguno dirá que a todo ello obliga el juego electoral, en el cual hay que endulzarle el oído al ciudadano diciéndole lo que se supone que quiere escuchar. Esto es cierto en parte, pero en el caso concreto que estamos comentando (el de los candidatos principales, salvo la señora Menchú), ese discurso es real, y expresa la raigambre conservadora de los movimientos o partidos respectivos y de los personajes que los encabezan. No quiere decir que todos los candidatos sean iguales ni mucho menos, o que sea indiferente quién gobierne en el próximo período. Pero sí quiere decir que ninguna de las opciones representa una alternativa de cambio profundo y la mayoría, con distintos grados de análisis o de discurso, percibimos que el país necesita operaciones de cirugía mayor que no sólo requieren voluntad, sino fuerza política.

Así que el día de las elecciones se aproxima con más temores que expectativas, al menos para una porción del electorado que no se puede precisar. Sin embargo hay que separar el análisis objetivo del pesimismo, y tomar en cuenta que a pesar de los tropiezos políticos, el país continúa en una ruta de progreso que se basa en dinámicas profundas como la educación y el grado creciente de organización social y cívica, de participación de las mujeres y de protagonismo de los pueblos indígenas. ¡Ya encontraremos la manera de seguir adelante bajo las nuevas condiciones, y quizás hasta demos un salto!

Fuente: www.sigloxxi.com


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