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Mandato sujeto a resultas
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 12 de septiembre de 2007
gupocas@hotmail.com

La mayor debilidad política que venimos arrastrando es la pérdida de poder del Estado.

Los resultados de la primera vuelta electoral contienen una serie de implicaciones y mensajes políticos que son necesarios de identificar e interpretar, y sobre todo de atender. Lo primero es que el futuro Presidente de Guatemala será alguien que en la primera vuelta obtuvo la cuarta parte de los votos del 59% que acudió a las urnas, lo que a todas luces significa una débil legitimidad. Este tema afecta al conjunto del sistema político, con importantes diferencias según áreas geográficas, pero lo que más resalta es el alto nivel de abstencionismo en la capital. En mi opinión, buena parte de la abstención expresa un repudio global al sistema de partidos, cuya oferta no llenó las expectativas de un porcentaje considerable de la población. Como es de todos sabido, asistimos a un proceso dominado por la incertidumbre y la frialdad.

En cuanto a las encuestas hay mucha tela que cortar. Si bien éstas —con mayor o menor precisión— anticiparon el resultado final de los dos antagonistas principales, se equivocaron de manera flagrante con Giammattei y Suger, y es de suponer que los datos que dieron sobre ambos, quitándoles toda posibilidad de pasar a segunda vuelta, influyeron en el resultado final.

Los resultados obtenidos por doña Rigoberta Menchú parecen sorprendentes pero no lo son. Muchos factores contribuyen a ello. Primero, la buena opinión que se tenga sobre una persona no significa necesariamente que se va a votar por ella para Presidente. Segundo, y al igual que otros candidatos, el hecho de ser percibidos desde el principio como una opción no viable (debido a las encuestas), les quita muchos votos potenciales. Tercero, aunque su campaña fue pegada a la gente y con contenido, no tuvo suficiente acceso a los medios, y esto es imprescindible para lograr comunicación efectiva en poco tiempo.

Por último —y esto es lo más importante— el resultado refleja que no existe algo así como un movimiento indígena políticamente homogéneo. Por el contrario, la información disponible muestra que la población indígena participa crecientemente en la política nacional, pero lo hace en el marco de los partidos del sistema. Es decir, se ubica políticamente de acuerdo con parámetros similares a los de la población no indígena.

Pero lo más incidente de cara a la perspectiva del país es lo primero que se señaló; es decir, la baja votación recibida por los dos candidatos principales, uno de los cuales será el nuevo Presidente, y una abstención (incluyendo votos nulos y en blanco) que es una protesta consciente frente a la pobre oferta electoral emergida del oligopolio político.

Esto último, vinculado con un parlamento fragmentado, puede dar pie a un período de mucha inestabilidad o de parálisis del poder. Pero puede también dar lugar a lo contrario, es decir, a que tanta precariedad obligue a lograr acuerdos políticos, y que éstos sean del agrado de la población y para su beneficio.

Porque la mayor debilidad política que arrastramos y que se agrava es la pérdida de poder del Estado, que no cuenta con la fuerza suficiente para imponer el cumplimiento de la ley y para superar exitosamente las presiones de facto ejercidas por muchos grupos, que van desde la cúpula empresarial hasta las organizaciones campesinas. Así que quien resulte electo en segunda vuelta, lejos de envanecerse, deberá tener muy presente que sólo recibió de los electores un mandato que es legal pero precario, y en definitiva, sujeto a resultas.

Fuente: www.sigloxxi.com


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