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¿Colapso de la izquierda?
Por Gustavo Porras Castejón - Guatemala, 19 de septiembre de 2007
gupocas@hotmail.com

La elección refleja que existe una ciudadanía que podríamos calificar de contestataria.

Depende: sí y no. Sí, porque el resultado electoral muestra la creciente marginalidad de la izquierda revolucionaria, convertida en partidos políticos legales después de la firma de la paz. No, porque la elección misma refleja que existe —en un porcentaje significativo, imposible de precisar— una ciudadanía que podríamos calificar como contestataria.

Es el voto de rechazo al sistema: fundamentalmente al sistema político que restringe las opciones, aunque esto lleva implícito (o explícito) un determinado rechazo al sistema en general. Sin embargo, este sector no cuenta con un partido que lo represente; no sólo por el contenido de su programa, sino también por constituir una opción viable. Así pues, existe una especie de izquierda genérica a la búsqueda de una organización política que la aglutine y represente con eficacia.

El resultado electoral de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) y de la Alianza Nueva Nación (ANN) constituye la derrota de una concepción y de una forma de hacer las cosas. Para no entrar en profundidades el asunto se puede plantear de la siguiente manera: ¿Es posible pensar que esa izquierda se recupere siguiendo la misma vía, aun en el supuesto de que corrija sus errores más evidentes? ¿Es posible que la URNG vaya ganando terreno hasta convertirse en una fuerza significativa?

Mi respuesta es no, salvo que esa organización (la ANN ya desapareció) se niegue a sí misma convirtiéndose en otra cosa, aunque conserve las siglas. La problemática no se reduce a la táctica electoral o, más bien dicho, hasta estos errores tácticos están vinculados con concepciones y prácticas tan arraigadas como anquilosadas.

¿Por qué no fue posible, al menos, la unidad electoral, a sabiendas de que su ausencia llevaría a un fracaso seguro? Más allá de los hechos circunstanciales, esto es la expresión aguda de un rasgo consustancial de esa izquierda, estructuralmente sectaria.

La izquierda proveniente de URNG se sigue negando a quitarse el velo ideológico que le impide ver y analizar la realidad. Su discurso ha sido cada vez menos analítico y ha tomado el cariz de una condena moral al sistema. Dicha condena implica cerrar los ojos ante lo que pasa, y en particular, negar toda posibilidad de que el sistema produzca resultados positivos, sobre todo en materia de reducción de la pobreza. Los datos de la Encovi 2006 sobre la reducción de la pobreza o cualesquiera otros que muestren avance en el tema, son descartados y estigmatizados como falsificaciones deliberadas. En cambio, se reitera una y otra vez una falsedad perniciosa: “estamos peor que antes”.

Para mientras, la clase media se amplía incorporando a capas crecientes del campesinado y el grueso de la población no piensa en un sistema distinto a la economía de mercado, aunque un sector considerable reclama, sin lograrlo, que el Estado asuma la defensa de los intereses mayoritarios, pero no existe la organización política que encarne consecuentemente esta demanda.

El potencial electoral de la izquierda política se refleja en los discursos electorales con los que gana la derecha. Ésta tiene que echar mano, en alguna medida, de temas propios de la izquierda, y condenar del diente al labio la injusticia y la desigualdad. Lo importante a subrayar es que esas cuestiones cruciales siguen vigentes, a la espera de que una izquierda política moderna encuentre la clave para captar el interés y la voluntad de lo que Mario Roberto Morales llamaría “un sujeto popular interétnico capaz de asumir como propio el interés nacional, entendido como interés general”.

Fuente: www.sigloxxi.com


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