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Sorpresas te da la vida
Por Gustavo Porras - Guatemala, 19 de diciembre de 2007

El señor Francis Fukuyama, consejero del presidente Bush, conmocionó al mundo académico con su libro El Fin de la Historia, en el cual sostenía que después de la caída del socialismo, el capitalismo liberal aparecía como el modo de organización social y productiva que acompañaría a la humanidad hasta la consumación de los siglos.

No obstante, sin desdecirse de lo anterior, don Francis escribió después otro libro: La construcción del Estado. Hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI. Ahí asienta, desde el Prefacio, algo que para sus seguidores es herejía pura: “La idea de que la construcción del Estado, en oposición a su limitación o reducción, debería constituir una prioridad en nuestro programa político, puede parecerles aberrante a algunas personas. Al fin y al cabo, la tendencia dominante en la política mundial de los últimos años ha consistido en criticar ‘el gran gobierno’ y desplazar las actividades del sector estatal a los mercados privados o a la sociedad civil. Sin embargo, en el mundo en desarrollo, los gobiernos débiles, incompetentes o inexistentes son fuente de graves problemas”.

Luego explica lo que todos tenemos ante los ojos, pero muchos no quieren ver: sin instituciones suficientes y articuladas los gobiernos no pueden cumplir sus funciones básicas, aunque reciban todo el dinero del mundo en cooperación internacional. Fukuyama pone el ejemplo de los estados del África subsahariana y el combate al sida: “Aunque dispusieran de los recursos, carecerían de capacidad institucional para tratar la enfermedad”.

¿Y la razón que motivó los cambios en el pensamiento de don Francis? Muy clara y muy pragmática: “La ausencia de capacidad estatal en los países pobres ha pasado a revelarse como una seria amenaza para el mundo desarrollado”.

Al que le venga el guante que se lo plante, y en el caso de Guatemala ese guante nos queda como mandado a hacer, pues la debilidad estatal está en la raíz de la delincuencia, y en especial del fenómeno de las maras, y esto último (las maras), constituye una seria amenaza para Estados Unidos.

¿Se resuelve ese tema inyectándole millones a la Policía y al Organismo Judicial? Es necesario hacerlo pero no es suficiente. Hay que fortalecer al Estado en su conjunto, y el ejemplo de las maras lo deja claro, pues no se reduce a una mera actividad criminal sino es la expresión de un fenómeno social de gran amplitud al que hay que atacar desde múltiples dimensiones.

Las maras tienen que ver con la emigración y la discriminación concomitante (nacieron en los ghetos de Los Ángeles y otras ciudades de EE.UU. al calor de la persecución de la migra); esto a su vez está relacionado con la pobreza, el desarraigo familiar y la ausencia de oportunidades para los jóvenes, tanto laborales como culturales, entre otras.

Lástima que los dinosaurios neoliberales que hay en Guatemala sean inmunes a todo lo que es ajeno a su dogma. Seguro que si leen el libro de don Francis llegarán a la brillante conclusión que ya se volvió comunista. Lo que pasa es que la perorata fundamentalista de los neocriollos no pretende desentrañar nada ni indagar la realidad, sino únicamente hacer la apología del sistema, y sobre todo la defensa del paraíso fiscal que es Guatemala para las empresas que manipulan a su gusto la contabilidad y sólo declaran pérdidas o ganancias ridículas.

A esta especie que parece no extinguirse nunca se le puede aplicar a la perfección lo que el Che Guevara dijo de la ideología burguesa: “Es la demostración interesada de que una mentira es verdad”.

Fuente: www.sigloxxi.com


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