Los años dorados
Por Gustavo Porras - Guatemala, 14 de mayo de 2008
En este año 2008 se cumple el 40 aniversario de los acontecimientos del Mayo Francés, que dejaron una honda huella en Europa y más allá. Las luchas estudiantiles que se iniciaron el 20 de marzo de 1968 en la Universidad de Nanterre, comandadas por Daniel Cohn-Bendit, llegaron a movilizar a unos 11 millones de franceses al mismo tiempo. A diferencia del octubre mexicano que concluyó con la masacre de Tlatelolco, lo ocurrido en Francia no se redujo a un movimiento estudiantil, sino que involucró al movimiento obrero; hacia fines de mayo, unos ocho millones de trabajadores se declararon en huelga, protagonizando la protesta laboral más grande en la historia del movimiento obrero francés.
Pero la peculiaridad de las luchas de Mayo fue que sus motivos no se redujeron a las típicas demandas de progreso social propias de los movimientos laborales, sino que en este caso los estudiantes fueron los portadores de una revolución cultural que cuestionó desde sus raíces la moral y la política ortodoxas. Los estudiantes franceses desafiaron el ancien régime en todas sus manifestaciones: proclamaron y practicaron el amor libre, reivindicaron la droga, hicieron suya una frase del Che, que retrató de cuerpo entero el sentido de su movimiento: seamos realistas y hagamos lo imposible, e inventaron otra, la imaginación al poder.
Por eso el legado más importante de este movimiento es de carácter cultural. En cambio, en lo político, por increíble que parezca, la victoria fue para el general Charles de Gaulle, que en un momento dado parecía contra las cuerdas, al punto de trasladarse a Alemania para reunirse allí con el jefe de las fuerzas armadas francesas destacadas entonces en ese país. De Gaulle convocó a elecciones anticipadas en junio y él y sus aliados obtuvieron una resonante victoria. No obstante, el poder político hubo de recomponerse. Como señala Siegfried Mortkowitz, “el Gobierno anunció importantes reformas para el sistema educativo, los sindicatos comenzaron a desempeñar un papel importante en la vida económica del país, y no mucho tiempo después se aprobaron leyes que legalizaron la homosexualidad, el control de la natalidad y el aborto”.
Cuando ya la agitación había cesado, Jean-Paul Sartre le hizo una entrevista a Daniel Cohn-Bendit y, entre otras cosas, le preguntó si consideraba que había proporción entre el alto nivel de las luchas de mayo y las tímidas concesiones de la V República, y Cohn Bendit respondió que hay ocasiones en la historia en que es necesario hacer acciones revolucionarias para obtener objetivos reformistas. Así me parece que ocurrió en nuestro país: más de tres décadas de lucha revolucionaria desembocaron en un conjunto de reformas que para unos son tímidas y para otros perniciosas, pero que sea cual fuere la opinión, han transformado el país y lo seguirán haciendo, sobre todo en lo político y cultural.
Sin embargo el Mayo Francés, a la par que lleva la lucha de masas en ese país a su más alto nivel histórico, marca también el comienzo del declive. La figura del Che es, sin duda, el símbolo por excelencia de esas jornadas; pero el Che había muerto en Bolivia siete meses antes, y con su muerte se consolidaba el declive de las guerrillas latinoamericanas de la época. De las grandes luchas que conformaron los años dorados de los sesenta, sólo la de Vietnam triunfó en toda la línea. Estos hechos confirman lo que la sabiduría humana identificó desde hace milenios, es decir, que todo lo que sube tiene que bajar, y todo lo que baja tiene que subir. Por eso se equivocan una y otra vez los que piensan que el mundo ya está hecho para siempre.
Fuente: www.sigloxxi.com |