Giros inéditos en la política
Por Gustavo Porras - Guatemala, 26 de noviembre de 2008
Tal como fue previsto, el presupuesto de ingresos y egresos del Estado se aprobó por abrumadora mayoría, así como el Iso. Esta es la tercera vez consecutiva que en el Congreso se logra una votación contundente en temas generalmente controversiales: elección de Junta Directiva con 117 votos, y aprobación del primer paquete de reformas a la Ley Orgánica del Legislativo y aprobación del presupuesto, declarados ambos de urgencia nacional con un mínimo de 105 votos.
En cuanto al Presupuesto, la aprobación de éste dio lugar a diversos hechos políticos. Primero, CACIF se automarginó de la negociación del tema por su inveterada costumbre de decir primero que todo NO, lo cual en esta ocasión se expresó a través de una propuesta absurda (mantener el techo de gastos del 2007). Acto seguido —y en parte como respuesta a lo anterior— se produjeron las movilizaciones sociales en pro de la aprobación del Presupuesto que, hasta donde yo sé, jamás habían ocurrido. En los hechos —y a propósito del Presupuesto— convergieron sectores antes distanciados, cuando no enfrentados: los movimientos sociales y los partidos políticos que votaron a favor.
Con relación a las manifestaciones, los principales medios escritos concentraron sus baterías en mostrar que eran espurias, integradas por campesinos que no sabían a qué venían, y que fueron transportados en buses alquilados, recibieron comida y quizás viáticos. Sin duda hay algo de realidad en esto, pero al menos se deben tomar en cuenta dos cosas: una, que toda manifestación, desde hace mucho, ha implicado transporte, alimentos y viáticos, lo cual no quiere decir que quien tiene el dinero las puede fabricar a voluntad. Lo otro es que, aún cuando hubiera gente manipulada en las referidas manifestaciones, no se puede ignorar que en ellas también participaron los sindicatos de maestros, CONIC, cooperativas, centrales sindicales y otros grupos organizados que estuvieron allí como expresión de las alianzas que el actual gobierno ha logrado realizar con ellos, nos guste o no.
Así las cosas, hay muchos indicios de que se puede conformar en Guatemala una convergencia política con sustento social y con la capacidad de subordinar —en la esfera institucional— al sector empresarial. Hay muchos indicios que detrás de esto —además del consabido reparto del naipe— hay también algo de “rebelión plebeya”, producto del hartazgo en el medio político ante la altanería de los empresarios, cuya imagen es CACIF.
Cómo se lograron los acuerdos antes referidos y cuál es la contraparte de este poder político en gestación, son cuestiones fundamentales para el futuro. Si las negociaciones que los hicieron posibles quedan restringidas al ámbito político y no hay a quién rendirle cuentas (como ocurre ahora), todo girará en torno a los intereses específicos de este sector (el listado geográfico de obras, por ejemplo). Pero si este poder político cuya emergencia es saludable, tiene como interlocutor y auditor a un ente verdaderamente representativo de la sociedad, entonces se puede establecer una dialéctica positiva. Por eso las condiciones para constituir un Consejo Económico y Social (CES) en Guatemala están maduras, y si no se aprovecha el momento se puede echar a perder. Como muchas veces ocurre en nuestro país, nadie de los potencialmente interesados objeta la constitución de un CES, pero ninguno toma la iniciativa. Al final, a pesar de las opiniones favorables, el desinterés y la apatía pueden imponerse, clausurando una excelente oportunidad.
Fuente: www.sigloxxi.com |