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¿Demasiados secretos?
Por Gustavo Porras - Guatemala, 4 de febrero de 2009

La reciente captura de Alfonso Portillo no parece ser una meta sino un paso hacia objetivos mayores: ¿cuáles son esos? El desmantelamiento de la estructura clandestina construida– entre otros –por el general Francisco Ortega Menaldo, colocado otra vez en la picota: al menos desde junio 2002, cuando el señor Otto Reich declaró ante una comisión del Senado estadounidense que el gobierno de Guatemala estaba infiltrado al más alto nivel por el crimen organizado, se ha buscado la forma de darle caza a este antiguo y eximio colaborador de la CIA y de la DEA.

Al parecer, hasta ahora encuentran el motivo idóneo: lavar dinero. Si al general Ortega se le hubiera acusado de la construcción de aparatos clandestinos, lo más probable es que los acusadores habrían pasado a ocupar el banquillo junto con él, porque es indudable que la CIA participó, indujo y financió las estructuras clandestinas que en su momento fueron clave para la contrainsurgencia, no sólo como medios de inteligencia y operativos, sino también para saquear los fondos del Estado. Con el monopolio del contrabando en sus manos (red Moreno), estas estructuras se hicieron de los recursos para financiar los gastos extra del Ejército y de la represión clandestina, además del enriquecimiento de sus cabecillas.

Cuando en marzo 2002 al general Ortega le retiraron la visa de EUA, éste escribió una carta pública en la cual preguntaba por qué tal medida, si antes lo habían condecorado por servicios prestados. Ahora que se están develando secretos, los guatemaltecos merecemos que este punto se aclare: ¿cuáles fueron esos servicios y a quién concretamente se los rindió?

También deberíamos saber por qué el presidente Portillo recibió el apoyo entusiasta de Estados Unidos durante los dos primeros años de su gestión, hasta que se produjo el viraje indicado. Perplejos ante dicho apoyo, algunos guatemaltecos echaron a rodar la tonta especulación de que la embajadora de entonces, la señora Prudence Bushnell, se había enamorado del locuaz mandatario, a quien comparaba con William Clinton.

Pero la señora Bushnell, según dicen, es la diplomática de más alto nivel que Estados Unidos ha enviado como embajador en Guatemala; antes sirvió en Kenia, donde dinamitaron su sede diplomática. Además, el ensalzamiento a Portillo provenía de los más altos círculos de Washington. Donald Planty, embajador de EUA durante el gobierno Arzú, me contó que en una recepción en la capital estadounidense conversó brevemente con el señor Elliot Abrams quien, entre otros cargos, fue subsecretario de Estado del presidente Reagan. Este le dijo, palabras más o menos: “al fin tenemos en Guatemala al presidente que necesitábamos, capaz de poner en cintura a esos ricos pretenciosos que no pagan impuestos”.

Esta es una de las interrogantes principales: ¿por qué esos amores con Portillo, si sabían quién era y su negro historial? ¿Qué poder omnipotente lo protegió en México para que, luego de asesinar a dos jóvenes de ese país, disfrutara de una abierta y desafiante impunidad? ¿A quién ha servido en realidad? No se puede descartar que ahora, acogido a alguna figura legal que le sirva de atenuante, se constituya en acusador de los verdaderos artífices de la red criminal de la cual él fue un engranaje pasajero, como declaró Llort Quiteño. Eso sugiere El Peladero del domingo pasado: “le tiemblan a la lengua de ‘el pollo’”, y luego dice que “Callejas, Ortega, Sánchez, Gómez Guillermo, Salán, han entrado en pánico tras la captura de Alfonso Portillo”: ¿premonición o denuncia anunciada?

Fuente: www.sigloxxi.com


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