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Paranoia en la élite guatemalteca
Por Gonzalo Sichar - Madrid, 31 de julio de 2007

No es la primera vez que alguien perteneciente a la élite guatemalteca dice que mis escritos e investigaciones están plagadas de datos falsos. En esta ocasión, como en las demás, sin embargo no especifican ni una sola de mis presuntas falsedades y mucho menos aportan otros datos que me contradigan.

La última en hacerlo ha sido Marcela Gereda, hija del embajador de Guatemala en España, en un artículo en esta revista. Me llama especialmente la atención que esta vez eche por tierra mi libro Comunidades arrasadas – que es el fruto de mi tesis doctoral Repercusiones de la violencia política en Guatemala. Los casos de las cooperativas de Alta Verapaz e Ixcán– únicamente tomando como referencia una reseña que de mi libro dicen otros y no yo. Ella, que está cursando estudios en la Universidad Autónoma de Madrid, ¿se atreve a poner en entredicho una investigación que fue calificada unánimente de sobresaliente cum laude poniendo en duda no sólo mi rigor científico sino el de los cinco miembros del tribunal que me evaluó y el de mi director? Sin señalar ni un solo dato, ¿se atreve a juzgar sobre la veracidad de los míos? ¿Qué datos que aporto son falsos? ¿los de la Comisión de Esclarecimiento Histórico auspiciada por la ONU ? ¿los del Proyecto para la Recuperación de la Memoria Histórica que acabó costándole la vida al obispo que lo dirigió?

La investigadora Gereda (y sí, yo no la entrecomillo, como hace ella con los “investigadores” extranjeros, porque la considero investigadora aunque su posición ideológica diste mucho de la mayoría de los antropólogos y aunque ahora esté investigando en mi país como hice yo en el suyo) en lugar de aportar dato alguno que pudiera invalidar mis tesis se escuda únicamente en las interpretaciones del periodista Mario Morales, que por cierto tampoco dice que perteneció a la guerrilla (Movimiento Revolucionario del Pueblo Ixim) pero que ahora –quizá como el historiador español Pío Moa que purga sus culpas por haber sido terrorista del GRAPO reinventado la guerra civil española sólo atendiendo a las conveniencias de la derecha– se sitúa en las antípodas ideológicas de su juventud echando más bilis que ideas en sus escritos.

Lamento que en el X Congreso de Antropología la señorita Gereda no se quedara a escuchar toda mi intervención. Y que se marchara para no escuchar “tanta mentira”. En otras ocasiones yo como investigador me quedé en conferencias enteras de los generales Héctor Gramajo y Otto Medina, pues con frecuencia aprendo más de los que piensan diferente a mí que de los que dicen algo parecido. Pero lo que más lamento de su falta de paciencia para escucharme es que sólo se quedara con el principio y por tanto con una argumentación incompleta.

Nunca he hablado de “holocausto maya”, como me acusa Gereda. El holocausto consiste en una gran matanza de seres humanos. Reconozco que he ido más lejos y lo digo sin rubor: he hablado de genocidio en Guatemala, es decir, del exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad. Pero ésta no es una conclusión personal de un extranjero tergiversador, me limito a repetir las conclusiones de los antes referidos informes de la CEH y REMHI. Porque en Guatemala se mató por ser maya, por ser “comunista” –o parecerlo ante los ojos de un ejército enfermo de anticomunismo visceral– y a veces incluso sólo por ser católico (época de Ríos Montt).

Si Marcela Gereda se hubiera quedado hasta el final de mi exposición además habría escuchado mi postura totalmente contraria ante ciertas corrientes mayistas a las que califiqué de nacionalistas y de naciendo entre la burguesía maya de Quetzaltenango erigirse como los representes del pueblo maya; algo que he de reconocer es poco común entre la academia, y más si se trata de investigadores españoles con cierto complejo de los 500 años.

A mí esos complejos se me quitaron precisamente conviviendo en comunidades indígenas. Y como ando sin complejos pude increpar a militantes del ultraderechista Frente Republicano Guatemalteco, desde el corazón de Alta Verapaz, que no echaran toda la culpa de la situación actual en el país a la España del siglo XVI porque afortunadamente personajes como Ríos Montt no los ha habido en otros países de mayoría indígena como Ecuador.

No conozco más discurso de Marcela Gereda que el de su artículo “Esquizofrenia en la academia”, con muy poca base científica y mucho, en cambio de resquemor. Juzgar un libro de 500 páginas por una reseña de una y hecha por una tercera persona que puede o no coincidir con el autor, es muy pobre para una investigadora que se permite estudios en el extranjero. En esas 500 páginas también se encuentran datos del general Gramajo o el coronel Mérida, porque como investigador no me puedo limitar a los que aporta una fuente, ni siquiera neutral (REMHI y especialmente la CEH ). Tal vez haya yo interpretado mal a Gereda y en realidad ella no esté poniendo en cuestión a la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala o a la Comisión de Esclarecimiento Histórico sino que me critica por utilizar datos falsos de militares guatemaltecos que contribuyeron a la represión.

Como científico social sólo me dedico a exponerlos todos y a interpretarlos. Ojalá esté equivocado y las poblaciones mayas no hayan sufrido la represión que denuncio y que el gobierno actual haga las políticas redistributivas que marcan unos Acuerdos de Paz que hasta la fecha su incumplimiento ha sido tan sistemático que ya pocos se acuerdan que se firmó una paz, pero que las familias aún destrozadas sí recuerdan que sufrieron una guerra.

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