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Asegurados en Tapachula
Por Haroldo Shetemul - Guatemala, 8 de diciembre de 2004

Los indocumentados son trabajadores que buscan una mejor vida en Estados Unidos, pero por desgracia han sido detenidos en territorio mexicano.


SOY DE SOLOLÁ ES LO único que logro que me diga quien dice llamarse Mateo. Su rostro cobrizo de campesino está sudoroso y trata de mantener quietas sus manos, aunque no lo logra. Sabe que en pocas horas será deportado a Guatemala, de donde partió para tratar de llegar a Estados Unidos, vía México. Quizá tiembla por saber que esas manos volverán vacías, sin esperanzas, sin nada. No quiere hablar y esconde su rostro en la mochila negra que lleva. Él es uno de los “asegurados”, una manera elegante de decir que está detenido en las instalaciones del mexicano Instituto Nacional de Migración (INM), en Tapachula. Rolando, quien está a la par de Mateo, relata que ambos fueron capturados en Tlaxcala cuando los agentes migratorios detectaron que carecían de documentos para estar en territorio mexicano. Frente a ellos hay un mundo de gente, cien, 200 chapines que también esperan ser expulsados de este país.

COMO PARTE DEL Grupo Guatemala-México sobre Migración y Desarrollo, a fines de noviembre pude constatar la situación que afrontan nuestros compatriotas que están a punto de ser deportados desde Tapachula. Nuestra agrupación tiene dos años de existencia, con un trabajo ad honórem, y los auspicios de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y el Colegio de México. Entre sus miembros hay personas que provienen de diversos sectores sociales de los dos países, y quizá el más conocido sea el artista mexicano César Costa, quien a donde va nos abre las puertas y, por supuesto, tiene que dar uno que otro autógrafo.

EN LAS INSTALACIONES del INM, rodeadas por una alambrada de unos tres metros de alto, se encuentran los guatemaltecos que sólo esperan el bus que los trasladará al otro lado de la frontera. A ellos les han quitado los cinchos y cintas de los zapatos para evitar, según dicen las autoridades mexicanas, que puedan hacerse daños ellos mismos. El hecho de estar detenidos y a poco de ser deportados les produce sentimientos de frustración que podría llevarlos a atentar contra su propia vida. Entre los hombres y mujeres hay niños que parecen no darse cuenta del drama que se vive ahí. Una niña como de 6 años juega con una muñeca, lo único que no perdió en el camino.

PARA SEPARARLOS de los guatemaltecos, las autoridades mexicanas los ubican en unos espacios cerrados con una puerta de metal, que apenas tiene una ventanita para pasar la comida. Aunque que hay aire acondicionado, los indocumentados prefieren que lo quiten, porque el ambiente se vuelve demasiado cargado por la cantidad de personas que fuman. Están hacinados, con el calor infernal de Tapachula y a la espera de que un bus los lleve hasta su país de origen, a la madrugada siguiente. Ese es el caso de Manuel, un hondureño a quien empleados del ferrocarril mexicano le robaron su dinero y luego fue detenido. Manuel tuvo que salir del encierro donde están sus compatriotas, porque por el asma que padece casi se asfixia.

DENTRO DE POCO, EL Gobierno mexicano construirá otro centro de mayores dimensiones para los migrantes que han sido capturados y próximos a ser deportados. Pero, mientras eso llega, las condiciones en que se encuentran no son las adecuadas para quienes buscan un mejor futuro en el norte. Tampoco tienen la atención que se merecen de parte de las autoridades consulares guatemaltecas, porque no se trata de delincuentes sino de quienes, en caso de llegar a territorio estadounidense, enviarán sus respectivas remesas. Son trabajadores que buscan una mejor vida, pero por desgracia han sido detenidos en territorio mexicano.

Tomado www.prensalibre.com


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