El doctor mala sangre
Por Hugo Gordillo - Guatemala, 6 de octubre de 2010
Jhon Charles Cutler se hizo médico en el Western Reserve University Medical School de los Estados Unidos en 1941. El día de su graduación recordó el suicidio de su padre, un inmigrante inglés que llegó a gobernador de Utah, apoyado por “La pandilla federal”, integrada por políticos republicanos. También recordó que en enero de ese mismo año ocurrió el primer ensayo clínico de la penicilina, descubierta por el bacteriólogo Alexander Fleming. En 1942 ingreso al servicio médico e integró un grupo que desarrolló la prueba VDRL para el diagnóstico de la sífilis. Trabajó en una cárcel de Nueva York como parte del Experimento Tuskegee, un estudio sobre sífilis no tratada en negros que se llevó a cabo entre 1932 y 1972 en Tuskegee, Alabama. Los galenos reclutaron a 399 negros con sífilis y 201 sanos para estudiar el progreso de la enfermedad y hacer comparaciones. Se les informó que tenían “mala sangre” y si participaban en el experimento obtendrían transporte, alimentación y entierro asegurado por si fallecían. 28 murieron de sífilis y 100 más por complicaciones médicas. 40 enfermos infectaron a sus esposas y 19 niños nacieron con la enfermedad crónica y dolorosa que causa destrozos multiorgánicos. Algunas de las víctimas no recibieron atención médica por la mala intención de los tratantes para ver cómo se desarrollaba la enfermedad hasta el momento de la muerte. Tuskegee es considerado una de las más siniestras investigaciones biomédicas de EUA, por el Informe Belmont subtitulado: Principios éticos y pautas para la protección de los seres humanos en la investigación, el cual fue presentado en 1979. A partir de entonces se amplió la regulación para la protección humana bajo principios de respeto a las personas y con su consentimiento para experimentos científicos, beneficencia con minimización de riesgos y justicia en el uso de procedimientos razonables y no explotadores.
Cutler en Guatemala
Con gran trayectoria funesta en el uso y abuso de personas con fines médicos en su país, el doctor mala sangre llegó a Guatemala como cirujano principal del Servicio de salud pública de los Estados Unidos. Se relacionó con diversos funcionarios nacionales, con quienes empezó estudios sobre enfermedades venéreas entre 1946 y 1948. Con el consentimiento de algunos funcionarios inició una réplica del Experimento Tuskegee en el país centroamericano. A cambio de ofrecimientos de cooperación estadounidense, obtuvo el permiso de instituciones como el Ejército, la Penitenciaría y el Manicomio para iniciar sus estudios. Evaluó prostitutas con sífilis y las envió a que tuvieran relaciones sexuales con militares y prisioneros, a los que posteriormente les hacía exámenes de VDRL. Usó a 696 guatemaltecos de la manera que quiso, según un estudio de Susan Reverby, una profesora de la Universidad de Wellesley que encontró documentos escritos por el siniestro victimario. En su afán de comprobar si la penicilina funcionaba como una vacuna, administraba antibióticos a los pacientes y después los infectaba con la bacteria tomada de animales o humanos viciados. Cutler contagiaba la sífilis a través de la comida o con inyecciones, especialmente en el pene. Una de sus preocupaciones científicas era que aún después de las relaciones sexuales, los exámenes de algunos infectados eran negativos. Otra preocupación era que la malaria arrojaba pruebas serológicas de positividad falsa para la sífilis, pero también había evaluado gente del altiplano, donde no había malaria, y obtenía los mismos resultados. Entonces, Cutler llevó la experimentación con humanos a extremos. Infectó a militares, presos y dementes con la bacteria sifilítica. Según uno de sus informes, de mil adultos en el Asilo de enfermos mentales de Guatemala, encontró dos pacientes con manifestación de sífilis en el líquido céfalo raquídeo. Con ese dos por millar de sifilíticos, ¿en cuánto contribuyó el demencial Cutler para aumentar la población infectada? Los estudios del científico avanzaban en menor proporción a la que la enfermedad saltaba de regimientos militares, la cárcel o casas de prostitución hasta la sociedad guatemalteca, pero el doctor mala sangre tenía paciencia. Esperaba a ver cómo la enfermedad se le volvía crónica a sus conejillos de indias sin administrarles el antibiótico que a inicios de esa década había revolucionado la medicina. A tal extremo llegaba su ambición inescrupulosa, que vio morir a uno de los pacientes como parte de sus avances investigativos.
La inquietud médica de Cutler no tenía límites. Experimentó con niños de orfanato, aunque se supone que con ellos sólo hizo exámenes de sangre, pero de que trató con niños, no hay duda. Junto con Juan M. Funes, jefe de enfermedades venéreas de Sanidad Pública de Guatemala; Sacha Levitán, del Programa de control de sífilis de Haití; Joseph Portnoy, bacteriólogo del Laboratorio de investigación de enfermedades venéreas de Atlanta, Georgia; y Rolando Funes, de la Oficina sanitaria panamericana, participó en un estudio serológico y clínico con niños del Puerto de San José, Escuintla, a finales de la década del 40. La observación se efectuó con 151 estudiantes de dos escuelas, una de niños y una de niñas de no más de 14 años. El grupo especialista hizo exámenes orales, inspección de la piel, palpación del bazo y nódulos linfáticos y revisión de los genitales masculinos. Las pruebas serológicas para la sífilis fueron hechas en el Centro de adiestramiento de enfermedades venéreas de la Oficina panamericana. La labor médica duró 430 días según el informe adherido a un documento presentado en el II Congreso centroamericano de enfermedades venéreas celebrado del 26 al 28 de abril de 1948. El informe indica que la mayoría de los niños presentaba infecciones por hongos o pequeñas ulceraciones que pudieran interpretarse como sífilis primaria o secundaria, pero uno de los dos niños que persistentemente daban pruebas positivas de VDRL presentó manifestaciones clínicas de sífilis congénita. Era un niño de 7 años que dio positivo en todas las pruebas. El otro, de 13, no tenía manifestaciones físicas derivadas de la enfermedad, que fue considerada sífilis congénita asintomática. ¿Expandió el doctor mala sangre el experimento Tuskegee entre los más inocentes?
Cutler se fue de Guatemala y estuvo en diversas partes del mundo, especialmente en América Latina, como director adjunto de la Oficina Sanitaria Panamericana. Representante de la Organización Panamericana de la Salud firmó acuerdos de cooperación con instituciones como el Instituto Nutricional de Centro América y el Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas. Como funcionario de la Organización Mundial de la Salud estuvo en la India y organizó un laboratorio de enfermedades venéreas en el sudeste de Asia. ¿Se expandió el experimento Tuskegee por el mundo en las manos de Cutler? ¿Respondió el experimento a una política externa de Estado norteamericano? En la década de los 50, Estados Unidos desarrolló diversas técnicas para hacer pruebas inmediatas de sífilis. Dichas pruebas las puso en práctica en la frontera con México, donde según informes de la Oficina Sanitaria Panamericana, instalaron 5 laboratorios para hacer exámenes a miles de braceros mexicanos que pasaban al país vecino del norte como trabajadores agrícolas. Mientras que su política migratoria cuidaba de enfermedades venéreas a sus ciudadanos, uno de los suyos encabezaba un proyecto de infección intencional en Guatemala. El médico murió en 2003 y, al igual que su padre, fue un criminal, con la diferencia de que John Christopher Cutler atentó contra sí y Jhon Charles Cutler atentó contra los demás, con una actitud discriminatoria y quizás racista. A 7 años de la muerte del doctor mala sangre, el caso está al descubierto y las posibilidades de resarcimiento están negadas. Estados Unidos sólo se atrevió a pedir disculpas pero no a reparar otro daño histórico con el mundo. En este caso con Guatemala.
Cortesía de Manuel R Villacorta O. |