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Tratado de Libre Comercio - Fatídico cerco contra Centroamérica
Por Hedelberto López Blanch - 14 de junio de 2004

Con enorme furia, el gobierno estadounidense de George W. Bush intenta cerrar el cerco económico contra las naciones Centroamericanas y convertirlas en neocolonias dominadas por el poder financiero y político que ejercerían las compañías transnacionales al adueñarse como pulpos de las riquezas de esos empobrecidos países.

La técnica utilizada ha sido la de crear una conexión fuerte con Centroamérica, aprovechando tanto la debilidad económica como la servilidad de esos gobiernos hacia Washington, que favorecería la expansión norteamericana por la región en momentos en que el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) se encuentra prácticamente detenido por las posiciones nacionalistas asumidas por Brasil, Argentina, Paraguay y Venezuela.

En ese contexto, la Casa Blanca, tras prácticamente fracasar en su intento por firmar el tratado con las 34 naciones de América Latina, lo hace en forma bilateral o por grupos, como ya lo ha realizado o encaminado con México, Chile, Perú y Centroamérica.

La pasada semana, Estados Unidos por una parte y Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, rubricaron en la sede de la Organización de Estados Americanos, en Washington, el llamado Tratado de Libre Comercio (TLC) que, de concretarse, abrirá las puertas a los productos norteamericanos y al poderío de las empresas transnacionales.

Con enorme euforia, el representante de Comercio Exterior estadounidense Robert Zoellick, afirmó que el TLC con Centroamérica, promoverá las exportaciones estadounidenses a un gran mercado, y apoyará la continua apertura y la democracia de América Central".

Añadió que el acuerdo reforzará las reformas de libre mercado en la región y también fortalecerá el estado de derecho y el desarrollo sustentable.

Inmediatamente se escucharon numerosas voces en contra, tanto provenientes de Centroamérica como del propio país norteamericano.

El Tratado y sus prerrogativas se han realizado a espaldas de los habitantes e incluso de los pequeños y medianos propietarios de esos países que tras conocer sus cláusulas, han manifestado sus desacuerdos.

Roberto Castañeda, presidente del Comité de las Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras de Guatemala (CACIF), declaró que la situación es preocupante y que su organismo llamó la atención a la delegación oficial para que tuviera en cuenta varios productos guatemaltecos y a la par no se plegara a las presiones de Washington para concluir el acuerdo.

Por su parte, la Iniciativa Mesoamericana de la Sociedad Civil de Nicaragua aseguró que en las negociaciones no fueron resueltos temas sensibles y no se ha alcanzado un documento asimétrico pues los perdedores serán los grupos más vulnerables del sector agropecuario de la región.

En Estados Unidos también existe dentro del Congreso una fuerte oposición al TLC y destacados diarios como The Washington Post ha calificado de "hipócrita" el tratado al decir que abre el acceso para los productos estadounidenses pero cierra la posibilidad de un mercado libre del azúcar producido en Centroamérica.

Como ya se ha hecho habitual, el gobierno de George W. Bush no consultó al Congreso ni negoció buenas condiciones laborales para los trabajadores centroamericanos y estadounidenses, lo que ha motivado que tres influyentes congresistas demócratas que integran una comisión de la Cámara de Representantes que supervisa asuntos comerciales -Charles Rangel, Sander Levin y Xavier Becerra- afirmaran que el TLC con Centroamérica está "en un tren de medianoche sin destino alguno".

Levin, líder de los demócratas en ese subcomité, sostuvo que no cree que el gobierno logre conquistar el voto de entre 25 y 30 diputados demócratas para sustituir el de los republicanos que se opondrán al acuerdo porque abre el mercado estadounidense a los textiles, el azúcar y los cítricos centroamericanos.

A la lista de los rivales se sumó el senador y candidato demócrata a las próximas elecciones, John Kerry, que declaró que la firma del TLC "marca un paso atrás, decepcionante e innecesario porque no incluye protecciones laborales y ambientales adecuadas y que pueden ser aplicadas".

Entre los muchos opositores al TLC figuran la filial estadounidense de la organización humanitaria católica Oxfam, la mayor central sindical del país, AFL-CIO y la ambientalista Amigos de la Tierra.

El convenio fue elaborado a semejanzas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que ha permitido a Washington penetrar e influenciar en la economía y hasta en la política mexicana sin hasta el momento mejorar la calidad de vida de millones de pobres.

EL TLC con Centroamérica liberaría barreras arancelarias al 80 % del comercio bilateral, que el año pasado llegó a 23.000 millones de dólares, y si se le suma próximamente República Dominicana la cifra subiría a 32.000 millones de dólares.

Entre las cláusulas del convenio se detalla que más de la mitad de las exportaciones agrícolas estadounidenses a Centroamérica tendrán cero arancel de forma inmediata, como carnes de res y de cerdo, pollo, algodón, trigo, soja, arroz y frutas.

En pocos años será total la quiebra de los pequeños y medianos agricultores centroamericanos que no podrán competir con productores norteamericanos debido a las altas tecnologías que utilizan y las millonarias subvenciones que reciben del Estado.

Asimismo, el 80 % de las exportaciones estadounidenses de productos industriales y de consumo quedarán con arancel cero tras la entrada en vigencia del acuerdo.

Las presiones norteamericanas y la docilidad de la contraparte, determinaron que en el documento se ratifique que los países centroamericanos otorgarán a Estados Unidos acceso ilimitado al mercado de los servicios, ofreciendo nuevas entradas en sectores como telecomunicaciones, mensajería rápida, servicios de computación, turismo, energía, transporte, construcción e ingeniería, servicios financieros, seguros, entretenimientos y otros.

Además, prevé protecciones y trato no discriminatorio para productos digitales como software, música, texto y vídeos, a la par que fortalece las patentes estadounidenses, las marcas y los secretos comerciales.

Por tanto, las transnacionales podrán adueñarse y dirigir a su antojo los servicios en esos países pues multimillonarias empresas como Microsoft, Bechtel, Halliburton, Exxon, y otras no tendrán oponentes.

Si en definitiva se llegara a aprobar, el TLC con Centroamérica llevará más hambre y miseria a esas empobrecidas naciones, mientras las prácticas de libre comercio permitirán a Estados Unidos contar con un magnifico traspatio donde colocar las abundantes mercancías y manejar a su antojo a estas neocolonias.

Tomado de www.rebelion.org


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