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Toque de queda - Versos de Luz Méndez de la Vega
Por Hugo Madrigal - Guatemala, 9 de mayo de 2004

La Licda. Luz Méndez de la Vega Premio Nacional de Literatura 1994, es una connotada escritora guatemalteca, periodista que escribió excelentes crónicas en el periódico Siglo XXI y una de las pioneras del feminismo en Guatemala, miembro de la Lengua correspondiente a la Real Academia Española, hoy buceamos en unos versos de su libro Toque de Queda- Poesía bajo el terror.

Su obra es de reconocimiento internacional. Ha publicado libros de poesía, ensayo, antologías e historia lo cual viene a ser un gran aporte para la literatura. Su poesía ha sido traducida al francés, inglés e italiano y por su labor literaria ha sido galardonada en diferentes ocasiones, como por ejemplo, el 12 de julio de 2004 cuando el Gobierno de Chile le otorgó la Medalla Centenario Pablo Neruda, que le fue entregada junto a escritores de renombre mundial, siendo la única escritora centroamericana en recibirlo.

Poemario de gran importancia para la historia guatemalteca por su contenido social, dado los momentos históricos que la autora le tocó vivir durante la guerra que se dio en Guatemala durante 36 años.

TOQUE DE QUEDA

Sin sonido
sin tiempo fijo
sin límites precisos

Por todas partes
y a toda hora
este toque de queda
-inaudible-
lo escuchamos
por dentro.

Por dentro
de nuestra piel,
de esta delgada piel
que nos cerca:
inermes territorios
rodeados por la sangre
y la muerte.
En esta vasta región
Del silencio.

"El toque de queda, la autora lo siente hasta dentro de su ser, tiempos de muerte en una Guatemala gobernada por simios que ostentan el poder y no permiten que la bandera azul y blanco ondee en libertad.

Imponen silencio -Toque de queda- atando la palabra y no permitiendo que el eco del pueblo sea escuchando pidiendo fin al terror".

CRIATURAS SIN AMOR

A un genocida
Te volviste criatura sin amor
¡tan hondamente sin amor!
como los extensos arenales
bajo siglos de sol y nunca lluvia

Te volviste criatura sin amor
¡tan entrañablemente seca!
como los profundos extractos
de la tierra
sólidos de basalto y silencio.

" El opresor esta solo, su mundo oscuro, donde sus manos manchadas de sangre inocente, cual bestia feroz, lo hace más inhumano ante los gritos de voces que claman ante la injusticia y las masacres de quienes obedecen órdenes lamiendo la sangre del inocente. El genocida está en su isla insensible al dolor humano".
Continuamos con el poema:

Te volviste criatura sin amor
¡tan sin amor!
¡tan desnudo de amor!
como los duros témpanos.

Inconmovible,
tácticamente acorazado
frente al dolor,
sordo y ciego
a los clamores
y las innegables sangres.

¡Tan sin amor!
¡tan sin piedad!
como el fogonazo
de los rifles,
o el plateado filo
de las espadas
y los puñales

" ¡ Tan sin amor! Aquí la poeta clama y encierra un gran círculo donde la saña y la sed de sangre del genocida no tiene límite, el asesino es una persona que por regla rechaza las cosas buenas de la vida y por ello el amor no está presente en su vida. Se vuelve inmisericorde" "como el fogonazo de los rifles".
Siguen los versos:

Sísifo, sin embargo,
que llevas, a cuestas,
tu pesada carga
que crece,
día a día,
muerte a muerte
con la implacable voz
que se alza
desde la sombra
cuando duermes,
y revive
las imágenes sangrientas
o los negros cuerpos
retorcidos en las llamas.
Verdades que niega
la máscara cínica
conque te cubres

El rostro
cuando -despierto-
vuelves a dar tus órdenes.

"Las pesadillas que acorralan al victimario son profetizadas por la poeta, en sus sueños no tiene máscara como lo demuestra despierto. Esas macabras escenas que dice no saber nada, pero que repite continuamente en esa guerra donde mueren miles de inocentes y que como todo victimario la sed de sangre lo lleva continuamente a justificar los medios. Pero el subconsciente que está preso y deseando salir de su cárcel a este no lo puede engañar y en sus sueños le recrimina sus manos que continuamente están manchadas de sangre" .

AZUL Y ROJO

Claros azules.
Radiante luminosidad
tras los cristales
del auto,
-su corazón al compás
de los pájaros-
y,
en una esquina,
el alto del tráfico tiñó
de rojo el día,
con la sangre
de Rita Navarro.

" Mataron a una mujer, mataron a Rita Navarro- líder estudiantil y licenciada en letras, murió ametrallada un día de julio de 1980-. Como todos los días de esos años, la metralla segaba la vida de un intelectual o un obrero que no era compatible al gobierno simio, quedó inerte en su carro, sus sueños de libertad quedaron truncados por las balas asesinas que le cortaron su vida, ella quedó inerte, pero su pensamiento es libre, libre, libre, libre, libre, libre, libre…".
Continúa el poema:

Nadie vio nada.
Nadie la vio.
Nadie oyó nada…

Hacia la calle,
rodaron entre el polvo:
sus sueños,
sus palabras,
sus risas, y
sus cantos,
borrados de golpe
por repentina ráfaga,
petrificadora del grito
inmóvil en sus labios.

Nadie vio nada
Nadie la vio
Nadie oyó nada.

Sólo los pájaros oyeron
el tableteo de la metralla
que tiñó de rojo el día
con sangre de Rita Navarro.

¡Nadie la vio!
- Nadie oyó nada!

"Todos vieron el asesinato, pero nadie vio nada, la palabra atada marca el silencio que impone la bota militar. "Pobre Rita la amatrallaron "usted vio, sí" pero no vi nada y el eco se repite ¡nadie vio nada!"

RECUENTO

Cómo poder dar
nombre y número
a los días
que arrastró
el implacable
viento feroz
de los relojes,
quebrador de rostros
del sonido de la voz
que amamos
y perdimos
en la estación violenta.

"Hasta el viento tiene miedo de tantos muertos donde las huellas quedaron marcadas , rostros desfigurados, cortes de piel donde la tortura era signo de Hades" "en la estación violenta" .
Siguen los versos

Cómo revivir
los días y recuerdos
que no podemos
defender
cuando los desgaja
y arranca de raíz
el olvido.

El tiempo
corroe
absurdamente
hasta el dolor
de las heridas vísceras
que bajó la piel
silenciosas cicatrizan.

"Qué crueles años, tiempos cual mariposa herida no podía volar ante el ser amado que está tatuado de tiros por temor a que una bala sentenciara a la misma sangre. Gritos a escondidas llantos frustrados ante la presencia del ser amado que inerte cayó ante la metralla del verde olivo".
Continúa el poema:

Sólo el empeño
¡el enconado empeño!
de conjurar el olvido,
nos mantiene
en este duro recuento
de pedazos perdidos
que vamos añadiendo
empecinados
en no dejar morir
de nuevo
a nuestros muertos.

Fuente: Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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