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Encrucijada de la “nueva ruralidad”
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 9 de septiembre de 2005

La persona y no el mercado es el elemento central.

Fontierras, Contierra, y UTJ-Catastro, como exponentes del nuevo Estado tecnocrático apadrinado por los “gurús” de la eficiencia de las instituciones financieras internacionales, no han conseguido superar las problemáticas tradicionales de corrupción e ineficiencia operativa, ni han logrado cumplir sus mandatos relativos a la búsqueda de soluciones para la conf lictividad agraria y la democratización estructural de la tenencia de la tierra, que genere condiciones para el desarrollo rural. Pero cargar toda la responsabilidad en las instituciones sobrevivientes sólo consigue fortalecer la preferencia del gobierno actual por “desagrarizar” el desarrollo rural. Partiendo del desconocimiento de las cadenas agroalimentarias en el país, se dirige la oferta pública de promoción de la inversión rural hacia el 8 por ciento de productores, excedentarios y comerciales. Y la subsidiariedad, la ayuda alimentaria transgénica y la falta de opciones reales para diversificar la actividad económica, hacia la mayoría de población rural sin posibilidades frente a la competencia, desleal y casi siempre asimétrica (“siempre”, con el DR-CAFTA), que los actores de la globalización financiera y productiva de la economía, imponen. Así, la institucionalidad y política agraria se consideran instrumentos fundamentales para promover la transabilidad de la tierra y la gobernabilidad rural necesaria para la incierta inversión agroindustrial y extractiva en el campo.

En Congcoop* compartimos una visión de la “nueva ruralidad” en la que las personas, sus capacidades y derechos, y no los mercados, son el elemento central de las posibles opciones de medios de vida que brinda una visión ampliada de la agricultura, complementados siempre con la producción alimentaria local. Estas reflexiones nacen de un proceso participativo de construcción de alternativas, posibles y solidarias, que buscan la viabilidad, apoyo y dignificación de la población señalada como incompetente y retrógrada por la “mano invisible” del mercado.

*Director Ejecutivo de la Confederación de Cooperativas.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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