Tierra y Territorio
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 21 de diciembre de 2006
La acción depredadora coloca en grave riesgo la vida y futuro de nuestros hijos.
El horizonte del agro en la reivindicación campesina no se reduce a la exigencia por la tierra para producción y alimento, abarca además, el agua, semillas, bosques, subsuelo. Hay un vínculo explícito con la defensa de los recursos naturales. Es la respuesta frente a un Estado, que ha aplicado una política de omisión dolosa, cuando no de abierto entreguismo en las “negociaciones” frente a empresas transnacionales.
La acción depredadora coloca en grave riesgo la vida y futuro de nuestros hijos. Importantes intelectuales nacionales, Saúl Osorio Paz, Rafael Piedrasanta Arandi, Adolfo Mijangos Lopez, –entre otros–, han denunciado en diferentes períodos históricos el saqueo. La “novedad ahora”, es que las comunidades de forma organizada y contundente han rechazado los proyectos mineros y defienden recursos que significan vida y futuro.
Esta corriente de pensamiento y acción social, –que antepone intereses colectivos–, a “argumentos” como el señuelo de creación de empleo, daño “mínimo” al entorno natural, regalías para el Estado y las municipalidades, está ganando fuerza en amplios sectores nacionales.
En esta dirección la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas, en su Tercer Congreso (12.06), acordó impulsar acciones legales y sociales en defensa y recuperación del territorio, partiendo de las localidades de origen de su membresía. Esta decisión política de los campesinos organizados, pasar de la demanda por una Reforma Agraria Integral, –que sigue vigente–, a reivindicar territorio en donde converge población, recursos naturales, administración política, relaciones económicas, sociales y de poder. Pone de nuevo en el debate social la autonomía territorial, ya reinvidicada por las organizaciones de los Pueblos Mayas, en el marco de las negociaciones de Paz, y que ha estado “dormido” por años.
La Autonomía es consecuencia natural del desarrollo democrático de las naciones y una materia fundamental para la Guatemala del siglo XXI. La Reforma Constitucional de cuya necesidad no se duda ahora. Paso necesario para la Refundación Pacífica del Estado, deberá resolver, sobre la función social de la propiedad y la autonomía territorial y política de los Pueblos que componemos la nación. El uso, tenencia y propiedad de la tierra, el territorio y forma autónoma de administrarlo deberán ser parte intrínseca, de la Transformación a la estructura del Estado. Nuestro precario desarrollo político institucional nos convoca a dar un salto, de un modelo centralista y excluyente, a un modelo de desarrollo regional incluyente. Sin siquiera haber agotado el proceso de descentralización. Este es el reto de los arquitectos de la institucionalidad del siglo XXI. En representación de los pueblos.
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