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Democracia y pueblos indígenas
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 22 de marzo de 2007

Sigue en deuda con ellos y con los pobres.

Ninguna democracia es completa, si la mitad de la población es excluida de su ejercicio por razones de idioma, espiritualidad, sistema jurídico, usos y costumbres. Este es el caso de Guatemala y América. En nuestro continente, la exclusión como política de Estado, ha generado polarización sociopolítica y sumido en la pobreza a grandes contingentes.

Los pueblos indígenas han llevado la peor parte pues acumulan a la pobreza la discriminación. Esto ha generado democracias electorales, socialmente injustas, con Estados endebles e inestables, incapaces de configurar estrategias incluyentes de futuro.

Esta referencia al entorno, sitúa el marco en donde pueblos indígenas han logrado no solamente su supervivencia, sino el mantenimiento y reproducción de su ideario, ciencias y formas de gobierno. Las que en su desarrollo natural sufren modificaciones, sin alterar su esencia.

Ahora bien, se habla hoy “del despertar” de los pueblos indígenas, esto no es más que el acumulado de años de resistencia y paciente tejido social que ha preparado las condiciones de este momento histórico, en donde los pueblos indígenas demandan asumir la rectoría del Estado y el autogobierno de sus pueblos, territorio y recursos naturales. Existen importantes señales de que estamos próximos al fin del abuso, el latrocinio y la discriminación.

Un paso en esta dirección y base para el tejido entre pueblos indígenas y sectores populares y sociales de América, lo constituye la celebración en Guatemala de la Tercera Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas de Abya Yala, 26-30 de marzo–. Cumbre cuya legitimidad radica en la representatividad de pueblos que ostentan los convocantes, la calidad y certeza histórica de sus demandas y propuestas, lo que le asigna para la población guatemalteca en general y para los pueblos mayas, xinca, garífuna en particular, enorme trascendencia. Se trata de un hito en la construcción democrática de América Latina, a partir de una visión de los pueblos indígenas.

La democracia sigue en deuda con los pueblos indígenas y los pobres. La reversión de esta perversidad está signada por la refundación del Estado: en donde el acceso a las claves del poder y disfrute de los recursos naturales, se basa en la equidad de pueblos y clases sociales.

La actual forma de Estado excluyente ha conducido a nuestra sociedad a la confrontación, al atraso y marginación, esto lo hace insostenible.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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