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Tierra y los pueblos indígenas
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 30 de marzo de 2007

La degradación de la vida del campesino.

La tierra es un bien público, en tanto que elemento central de garantía alimentaria, sin embargo, la avaricia, ha desnaturalizado esta función, transformándola en especie de mercancía susceptible de apropiación y concentración. Históricamente el proceso concentrador estuvo ligado a élites provenientes de ejércitos vencedores en guerras o por avasallamiento de pueblos. Posteriormente la aristocracia, la burguesía y las oligarquías, mediante procedimientos y dictados “legales”, han incorporado la tierra, al fuero de lo privado, despojándola de su función social. Este tránsito histórico ha tenido un impacto importante en el uso de la tierra y en la vida de los pueblos. La tierra en manos de las élites fue convertida en símbolo de poder y medio de acumulación de riqueza, a través de explotación irracional, tanto de la tierra, como de los seres humanos esclavizados para hacerla producir. En nuestra América, este proceso de concentración se condujo a sangre y fuego y pese a haber transcurrido siglos del genocidio y esclavitud de sus poseedores originales, la herida sigue abierta y muy a pesar de los herederos “del agresor” y el desarrollo de los sistemas jurídicos, la legitimidad de la propiedad privada latifundista sigue en cuestión. El latifundio, hoy como ayer es opresor, poco productivo y generador de pobreza. La peregrina idea de que el mercado, “sabría” resolver la injusticia en la tenencia y uso de la tierra, no pasó de ser eso... una idea acuñada por Washington y aplicada por nuestros gobiernos, sin rendimientos cualitativamente importantes. Más bien la situación del indígena y del campesino ha continuado degradándose, llegando ahora a niveles de hambruna y nuevas formas de esclavitud generadas por la migración al norte. Es claro que la solución a la problemática no vendrá de los terratenientes, será seguramente de los pueblos indígenas, de los campesinos. En esta ruta los trabajos de la Tercera Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas –que ahora se celebra en Guatemala–, recuerdan a esta sociedad, a veces insensible, que los desheredados, sostienen su demanda por justicia y desarrollo. La disputa política del poder está claramente definida en su agenda, la historia parece haber enseñado que el desarrollo de los pueblos solo es posible a partir de una correlación de fuerzas propias frente al poder. Urge un nuevo modelo de vida y organización social, en donde recursos naturales vuelvan a reconocerse, como patrimonio de la humanidad, ancestral, presente y futura y, por tanto, bienes públicos.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 290307


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