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Larga marcha
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 15 de junio de 2007

El tiempo, sin embargo, no corre en vano.

Las reivindicaciones campesinas han sido rechazadas y reprimidas por el Estado, los terratenientes y sus corifeos. Calificándolas de acciones de desastibilización, sedición y subversión, e intentando reducirlas a meras manipulaciones del exterior o instrumentalización comunista.

Sin embargo, pese a los blasones que se han querido imponer a la voz campesina, esta ha logrado no solamente sostenerse sino que también desarrollarse. Una prueba viviente es la histórica presencia que en la vida nacional ha tenido el Comité de Unidad Campesina (CUC). Son ya 29 años y 9 asambleas nacionales las que signan la historia del comité, en cuyo haber se cuenta la mejora salarial de innumerables campesinos en la zafra y el corte de café, e importantes conquistas sociales.

Bajo el lema “Cabeza clara, puño combativo y corazón solidario” desarrollan una simbiosis entre lucha campesina y la lucha de los pueblos mayas, donde el enfoque de derechos históricos toma cuerpo en la reivindicación de cultura y territorio. Hacer frente a la ignominia ha cobrado un precio alto al CUC; más de 500 dirigentes y miembros de base han pagado con su vida la osadía de enfrentar al poder económico. Sometido por más de una década a la clandestinidad, logró sobrevivir gracias a su arraigo social y a la tenacidad de su dirigencia. Los enormes avatares enfrentados no lograron someter la acción del comité. Más bien la negra noche, que se cernió sobre ellos, parece haberse constituido en el crisol de donde surge una importante cantera de cuadros sociales con destacada participación en la vida pública nacional.

Nadie duda a estas alturas de la necesidad de la existencia de este tipo de organizaciones. En una sociedad democrática, la organización campesina es un indicador de la solidez de esta. Únicamente grupúsculos, resabios de las dictaduras militares y obtusos pensadores de la oligarquía nacional afirman lo contrario.

El tiempo, sin embargo, no corre en vano, y la capacidad de refundarse a la altura de los tiempos es un elemento valioso en el desarrollo orgánico del comité. Ya no son los viejos cuadros fundadores los que mantienen su dirección; una remozada dirigencia campesina e indígena –donde las mujeres ocupan un papel de primer orden– da vida orgánica, social y política al pensamiento actual de CUC.

Esta larga marcha, atizada por momentos muy difíciles y dolorosos, es uno de los rostros de la vida de los pueblos mayas y campesinos, y una síntesis de nuestra historia contemporánea. En este heroico caminar, la razón histórica les asiste.

Fuente: www.elperiodico.com.gt - 140607


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