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El derecho agrario
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 9 de agosto de 2007

Un derecho atrofiado, con evidente rezago.

Se trata de un derecho autónomo, con principios e instituciones propias, cuyo fin primordial es el logro de la paz social y la justicia agraria. En nuestro país, por razones de orden ideológico, el desarrollo del derecho agrario, ha sido atrofiado, enfrentando ahora, un evidente rezago. Es hasta la suscripción de los Acuerdos de Paz que se abre una ventana para su impulso. Efectivamente, el Pacto de Paz, al reconocer la inequidad en el campo, determina, la creación de la jurisdicción agraria y ambiental, con su corolario, de leyes sustantivas y adjetivas. Esta prescripción, conlleva el desarrollo acelerado de legislación, filosofía y doctrina, formación técnica y científica de juristas y auxiliares. Evidentemente no se trata de inventar la pólvora, pero sí de desarrollar, desde una visión nacional, un andamiaje, que tome en consideración, la conformación social y étnica nacional. Este lento abrirse paso, de la jurisdicción y el derecho agrario, no ha vencido aún todos los obstáculos.

Un reducido pero influyente grupo de propietarios de latifundios han promovido y seguramente promoverán, acciones, legales, –pero no justas– para evitarlo. Hasta la fecha diez años después de la suscripción de los Acuerdos de Paz lo han logrado. Sin embargo, la historia es inexorable y el oscurantismo jurídico parece estar tocando las puertas de su final. Y es que en medio de esta oposición a ultranza y sin fundamento de derecho. Es ahora, un imperativo social, económico, político e incluso diplomático resolver la conflictividad en el agro.

Y es aquí en donde la jurisdicción agraria y sus institutos concordantes, son imprescindibles. De tal cuenta, y como quien recibe un aire fresco, más de 300 personas, participaron de forma activa, en el desarrollo del V Congreso Americano de Derecho Agrario celebrado en Guatemala, el 1, 2 y 3 de este mes. Actividad inédita para el país y en la cual dentro de otras cosas, quedó meridianamente claro, que el derecho agrario no es herramienta para atizar violencia. Muy por el contrario, promueve la acentuación de la democracia, la justicia agraria, la promoción de una agricultura sustentable, la seguridad alimentaria y un ambiente sano. La Universidad de San Carlos hace su propio esfuerzo, impulsando un diplomado sobre la materia. Estos aportes sociales deben ser correspondidos por el Congreso de la República y la Corte Suprema de Justicia, cada quien cumpliendo con su deber.

Pues, no es posible la jurisdicción, sin legislación. Nuestra sociedad no puede seguir pretendiendo autoengañarse, negando realidades obvias: la injusticia agraria es la verdadera causa de nuestro atraso.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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