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Peligrosa militarización
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 6 de septiembre de 2007

Es conveniente para el crimen organizado.

Sacar del poder formal a los militares ha costado la lucha de generaciones completas. Desde la independencia, la égida militar y oligárquica ha dado forma y ejercido el poder político en nuestro país, salvo períodos excepcionales. Estos últimos coinciden con momentos de avance social y político para nuestra sociedad. La sucesión de militares en el poder ha dejado un saldo realmente lamentable para el pueblo de Guatemala. No se trata de contar acá –porque son conocidas- las viejas y recientes historias de represión y oscurantismo que hemos vivido bajo las ordenes de toda una pléyade de coroneles, generales, tropa y paramilitares. No olvidaremos nunca jamás los siniestros escuadrones de la muerte. Efectivamente, en los Gobiernos militares siempre han existido civiles dispuestos a colaborar; sin embargo, acá queremos destacar lo nefasto que ha sido dejar la dirección del Estado a miembros del Ejército. De esa cuenta, no es casual que cuando tuvimos la oportunidad del voto libre optamos por mantener a los militares alejados de la Presidencia. Eso apenas sucedió en 1985, es decir hace apenas 22 años. Vista nuestra historia como República, no es de extrañar que exista preocupación ciudadana generalizada por el aparecimiento de planillas de candidatos encabezadas o integradas por militares. Que su participación es legal, es evidente; de lo que carecen estas candidaturas es de legitimidad social. Por aparte, es notorio que el financiamiento a estos candidatos ha llegado a manos llenas, lo cual tampoco es una casualidad. La alianza oligárquico militar ha sido el eje sobre el cual se han sostenido el poder político y económico en Guatemala. Frente a estas evidencias históricas, la asunción de los militares al poder formal de Guatemala haría mucho más difícil –de lo que ya es hoy- derribar el muro de la impunidad, y propiciaría la reactivación de los hilos del terror. Este proceso electoral, tal y como lo hicimos de 1985 ha la fecha, debe reiterar la vocación democrática y civil del pueblo de Guatemala. La vuelta al pasado solo es conveniente para las estructuras del crimen organizado. La formación profesional de la milicia está en la custodia de fronteras y la aplicación de la fuerza como método de dirección. La capacidad de arribar a consensos, de establecer Gobiernos de unidad, escapa a su concepción de país. Por dignidad histórica y urgencia política, Guatemala requiere de estadistas y no de represores.

Cobra de nuevo vigencia la consigna del estudiantado universitario, que parafraseada dice: “los militares a los cuarteles, los estadistas al poder”.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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