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Justicia para Nueva Linda
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 13 de septiembre de 2007

La pinta alude a la situación de impunidad.

El título del artículo está tomado de “una pinta” aparecida, ya hace bastantes meses, en alguna de las paredes de la zona 1. Se alude en la misma a la situación de impunidad en que ha quedado la muerte de seis campesinos a manos de policías nacionales y guardias privados de la finca Nueva Linda en Retalhuleu. Del trágico suceso hace ahora tres años –31 de agosto de 2004–. En este lugar se mantiene un conflicto entre el terrateniente español Virgilio Casado y campesinos trabajadores de la finca. El origen ha sido la desaparición forzada del dirigente de los campesinos y administrador de la finca Héctor Reyes.

La autoría intelectual del secuestro de Héctor Reyes se atribuye por los campesinos a Casado y la acción material a sus guardias de seguridad. El Ministerio Público ha sido incapaz de resolver el secuestro de Héctor Reyes. Ni siquiera hay sindicados en el caso. Esta grave situación de violación a los derechos humanos motivó a los compañeros de trabajo de Héctor Reyes a exigir su aparición con vida. La respuesta patronal y gubernamental no se hizo esperar, y se ordenó por la fuerza el desalojo de los trabajadores de la finca. Esta acción de fuerza provocó la muerte por bala de campesinos e incluso de policías nacionales. Lo cierto del caso es que a la fecha, y pese a ser evidente quién portaba las armas y hacia dónde se dirigieron los disparos, el sistema judicial guatemalteco ha sido incapaz de determinar responsabilidades, y mucho menos de someter a la justicia a los responsables. En el caso del desalojo, es notoria la responsabilidad, por la acción de la guardia privada. Sin embargo la justicia no llega.

Esta ausencia de justicia se transformó en causa de luto para más hogares campesinos. Este caso evidencia una vez más el anacronismo y ceguera del sistema judicial, y su claro sesgo a favor de los intereses de los potentados del país, no importa si estos son nacionales o extranjeros. Desde 2004 a la fecha, frente a las instalaciones de la finca se mantiene una vigilia permanente por parte de más de 60 familias campesinas, ex trabajadores de la finca y compañeros de Héctor Reyes, en demanda de justicia. Sin embargo, ni este heroísmo ni los esfuerzos de abogados y campesinos por lograr la aplicación de la ley avanzan.

Este sistema indolente, al que no mueven ni conmueven hambre, lágrimas, ni rabia, que permite el abuso de poder y la injusticia, lejos está de constituir una democracia. En estas condiciones la resistencia campesina es legítima.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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