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Chance decente
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 4 de octubre de 2007

El título de esta nota alude a la prescripción que en su columna, en un matutino local, de fecha 02/10/07, hace un dilecto dirigente empresarial a personas o entidades que abogan por la reforma agraria integral en Guatemala. Es evidente que, frente a esta demanda social el referido pierde los estribos y abandona la línea de diálogo comedido y argumentativo que le hemos conocido en otras oportunidades, y dedica su columna a hacer falaces aseveraciones, como por ejemplo: que la tierra en manos campesinas no es un elemento de desarrollo. Intenta deliberadamente tapar el sol con un dedo, al indicar que el hecho de acceder a la tierra no es elemento indispensable para garantizar el derecho a alimentarse.

Vanamente trata de confundir al lector al pretender que luchar por la Reforma Agraria Integral –tan necesaria para el desarrollo nacional– es condenar al pequeño agricultor a la producción primaria. Nada más alejado de la verdad. Más bien, está sobradamente demostrado que la política agroexportadora –que ha seguido el Estado guatemalteco desde los tiempos de la Colonia– únicamente ha favorecido a un reducido grupo de familias y atrofiado el desarrollo nacional.

Concluye luego el aludido con “mandar” que los defensores de los derechos sociales “mejor busquen chance decente”. Prescripción imposible de cumplir en Guatemala, por dos razones básicas: a) la lucha por los derechos económicos, sociales y culturales –y por ende por la reforma agraria integral– es una acción voluntaria, de orden individual y colectivo, irrenunciable, imprescriptible y deber inherente a la persona humana; y b) porque en honor a la verdad, en Guatemala ni el Gobierno promueve, ni el empresariado nacional genera empleo –allí están las cifras de informalidad–, y el poco que se genera no es de calidad, mucho menos “decente”. Así, tenemos empresas textiles empleando jóvenes, incluso menores de edad, sin las mínimas garantías laborales y sociales inherentes al trabajador y su familia.

Y qué decir del empleo agrícola, el cual está basado en mano de obra barata, cuyos salarios son inferiores a los mínimos exigidos por la ley. Los trabajadores no gozan del régimen de seguridad social. Se emplea a mujeres e hijos como ayudantes del varón “jefe de hogar” y con esta argucia pagándoles un salario menor. Con condiciones alimenticias y de habitabilidad infrahumanas. Eso sin recalcar que se evaden impuestos, y aún así obtienen “devoluciones” de crédito fiscal. En síntesis, tu prescripción es incumplible y con sindicaciones honestamente desfasadas, dignas de los peores momentos de la Guerra Fría.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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