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Nuestro futuro político
Por Helmer Velásquez - Guatemala, 18 de octubre de 2007

Votar nuto es esquivar la responsabilidad.

Nuestra endeble institucionalidad democrática no soportaría los aluviones de fuerzas oscuras, una vez estas hechas con el poder formal del país. La frágil organización social se mermaría aún más. Lo anterior redundaría en la posibilidad de instauración de una dictadura militar de viejo cuño, con nuevos argumentos, pero dictadura al fin. ¿Por qué estas reflexiones, que ciertamente para algunos pueden parecer tan alejadas de la realidad guatemalteca del siglo XXI? Se trata, sin embargo, de la síntesis de diálogos muy actuales sobre los resultados electorales y los derroteros de nuestra democracia política. Parte de reconocer la sola posibilidad, débil aún pero posibilidad al fin, de que el guatemalteco se entregue a los cantos de sirena de la mano dura como forma de Gobierno. Si bien el resultado de la primera vuelta electoral dejó claro que quienes sufrieron en primera línea la represión y los embates de la pacificación en el área rural rechazaron con su voto la posibilidad de retornar a un Gobierno dictatorial, y enorme ha sido el asombro en la comunidad internacional y amplios sectores nacionales por el solo hecho de que un candidato militar se aproxime siquiera a una segunda vuelta electoral. En recientes cónclaves internacionales, el mayor cuestionamiento que encontramos fue este: Ese querido pueblo guatemalteco, ¿qué razón encuentra para votar por sus verdugos? Parte de la respuesta la hemos encontrado en los análisis de Irma Alicia Velásquez sobre el punto. Sin embargo, con diferencia de votos –no abismal, cierto– tenemos que reconocer que la población fuera del área metropolitana votó en contra del ejercicio monopólico del poder. Esto dice mucho de los valores de nuestro pueblo y de la propuesta electoral rechazada. No legitimar la vuelta al pasado se transforma ahora en un deber ciudadano. La abstención, el voto nulo u otras formas de esquivar la responsabilidad frente a la historia son una falsa salida. Más bien tenemos que redoblar nuestro llamado a acudir a las urnas, en defensa de la aún estrecha democracia de la que gozamos y en ruta de sostener nuestro esfuerzo por conseguir una democracia social y participativa. La dictadura con mascarada democrática solamente favorece a los sectores que aún enfrentan y reniegan de los Acuerdos de Paz y de las formas democráticas de Gobierno. En nuestro voto está el curso de la historia: o la ampliación de la democracia con espacio político para la lucha social o la institucionalización de la represión y un mayor debilitamiento del régimen de legalidad. Los hombres y mujeres del campo han marcado el derrotero.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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